REBOLLO Javier (1969-_)

El muerto y ser feliz (El muerto y ser feliz) (2012: 3.0)

QUIEN ES ATREVIDO y se estrella suele recibir palmadas en la espalda y halagos porque “¡por lo menos, se ha atrevido!”

El muerto y ser feliz es una película fallida. A mí no me vale defenderla con ese comodín de “es cine insatisfactorio pero al menos ofrece algo diferente”. ¿Aún a estas alturas con tales maniobras de distracción? Hay que decir lo que es: una petulante y machacona road-movie conformada por una sucesión de ocurrencias dramáticas, narrativas y dialogadas (y uso del sonido).

Además, ¿reubicar ahora a Godard en la Argentina del siglo XXI es síntoma de atrevimiento?

A PROPÓSITO DE LOS ATREVIMIENTOS:

Atreverse hoy día, ¿no podría ser esto?: implicarse al máximo en contar una historia humana, comunicativa y bella que pueda ayudarnos a ser más libres y felices, más éticos y responsables, en la sociedad en que vivimos. ¿Cómo suena esto?

Por lo cual, ¿es El muerto y ser feliz el tipo de cine español que más necesitamos en el siglo XXI? ¿Un cine sin certezas ni encanto, que aún se anuda a corrientes posmodernas y deconstructivas y no apuesta por un relato creíble, un pensamiento fuerte y una convicción que nos ilusione?

CREO QUE NO. El muerto y ser feliz se nos antoja cine modernista que no mira al futuro. Su objetivo todavía parece exhibir el virtuosismo artístico de su autor. Por su parte, el actor José Sacristán se esfuerza en su labor pero algo no funciona... Algunos preferimos al Sacristán de empeños menos solemnes y más cristalinos, sin duda.

EPÍLOGO. Leo en Babelia (mayo, 2016) la crítica del último libro de Antonio Colinas, llamado Memorias del estanque. El crítico Ángel L. Prieto de Paula sitúa así en el tiempo la estética poética de Colinas: “…lejos de la ironía deformadora, el ludismo experimental y la desconfianza en la sublimidad del arte que dominaban en la antología de sus coetáneos novísimos”. Lo cual me hace preguntarme, casi 50 años después de aquello: ¿ahora qué hacemos, autor?

 

(Mayo, 2016)