SERRA Albert (1975-_)

Història de la meva mort (Historia de mi muerte) (2013: 4.5)

Ésta es una película premiosa e idiosincrásica que se me desploma en su segunda mitad o, más bien, en su último tercio. Obra paradójica que parecería reivindicar el romanticismo y sus extremos, mientras al mismo tiempo es un alegato implícito en favor de la pereza, la quietud, el ocio no competitivo y la conversación sin objeto.

Los personajes principales, según he leído, son Drácula y Casanova. El primero reina en la parte última y sombría del film y el segundo en toda la primera mitad, más ligera y costumbrista, campestre, sensual y dialogada. 

Como contraste, Albert Serra propone, cada varios minutos, un rapto lírico, por así llamarlo, valiéndose de la música y de una imagen sugerente que se extiende en el tiempo (en el plano) de manera imprevista. Esa música detiene las conversaciones y el argumento y nos invita a divagar sobre lo que vemos y oímos. Como un interludio poético para relajarnos o impresionarnos.

Serra entona un canto anti-narrativo que, según he leído también, quiere contraponer el racionalismo del siglo XVIII y el romanticismo (o irracionalismo) del XIX. Yo no veo signo de racionalismo, más allá de las citas a Voltaire. Más bien, vislumbro una idealización medievalista regada con obvias pullas contra el cristianismo y conformada por diálogos socarrones y anti-épicos; una idealización que es rasgada en sus últimos minutos por un capricho neo-terrorífico más estético que inquietante.

Película que prima el hermetismo y el “arte por el arte”, supone una experiencia artística atractiva y desequilibrada que nos recuerda a ciertos textos de Sánchez Ferlosio (contra el destino, con el carácter), algunos extensos planos de Béla Tarr o Sokurov, el misticismo deconstruido de un Tarkovski y hasta la contraposición curiosa entre lo culto y lo popular (lo solemne y lo castizo) de las viñetas de Forges. 

Un cóctel que no es para todos los públicos, sino para una minoría muy minoritaria, fiable o impostora.

Epílogo 1. Pere Gimferrer, en un artículo en El Cultural a propósito de esta película, decía que era una muestra de “arte totalmente autónomo”.

¿Pero es esto siempre positivo?

Gimferrer titulaba su artículo así: “aquí hay dos bandos”.

¿Serra en el bando de Rossellini? (¿o lo he entendido mal?)

¿No le falta elocuencia ética, compromiso con lo real y capacidad comunicativa? ¿Es que el original y, por momentos, subyugante cine de Serra nos interpela como hombres que somos, como hacía y sigue haciendo el cine comprensible de Rossellini?

Epílogo 2. Inspirado por el cine cautivador y aburrido de Serra, querría hacer referencia a una entrevista reciente de J. Sardá con el temible Apichatpong Weerasethakul (El Cultural, abril 2016). El autor tailandés declaraba: “Mi carrera es una exploración de la luz y del tiempo”. Y se decía inspirado por artistas como Warhol y Duchamp.

A la luz de tales lindezas, ¿es que aún hay alguien que tenga dudas de que no existe “progreso” en el arte y, por consiguiente, tampoco en el cine?

 

(Junio, 2016)