TRUFFAUT François (1932-1984)

L`enfant sauvage (El pequeño salvaje) (1970: 9.5)

Bertrand Russell, La conquista de la felicidad (traducción de J.M. Ibeas):

 

“…uno no será un individuo aislado sino parte del gran ejército de los que han guiado a la humanidad hacia una existencia civilizada”.

 

INTRO. L’enfant sauvage es una de las películas más grandes de François Truffaut y de todo el cine europeo de los años setenta.

Se me ocurre que merece la pena compararla con El enigma de Gaspar Hauser, de Herzog, o ponerla en la balanza con películas de Peter Weir; o incluso intentar amoldarla al esquema de El hombre elefante y de King Kong o, si nos ponemos cómicos, Cocodrilo Dundee

El encuentro con el “otro”, el salvaje que ha vivido como un animal: hablamos de un niño encontrado en un bosque francés a finales del siglo XVIII.

 

EDUCACIÓN. Precisa, desnuda y emocionante, El pequeño salvaje es sobre todo una obra sobre la educación. Se puede reflexionar y debatir mucho sobre las técnicas de educación que pone en práctica el protagonista, el profesor, con el fin de instruir y enseñar al joven salvaje.

Truffaut no hace shows ni demagogias al respecto: su respuesta en la película a los grandes dilemas de la educación le acerca a una didáctica que combina rigor y cariño, autoridad y experimentos, estímulos y castigos. Y un sentido moral. Vista hoy, puede verse como un manual anti-pedagógico (considerada la pedagogía a la manera del profesor R. Moreno Castillo en su hiperbólica pero divertida y provocadora La conjura de los ignorantes) y, acaso por ello, un triunfo vacilante pero nada sumiso de la educación real, la del profesor con el alumno, sin jergas engolosinadas ni paños calientes. 

Es conmovedor que el Doctor Itard sea encarnado por el propio Truffaut: cómo enseña al pobre niño salvaje, cómo le anima y corrige, le premia o castiga, cómo le enseña las letras, los sonidos y los objetos con compromiso y sin desmayo.

Enseñar para que otro aprenda: ningún oficio más inspirador, digno y necesario.

 

FIN. Humilde y sobria como El azar de Baltasar de Bresson, El pequeño salvaje está rodada de manera admirable, casi documental, y podría ser un film perfecto del cine mudo. Truffaut encuentra aquí el tema y el tempo perfectos, sin barniz dramático ni comedia coyuntural.

Extraordinaria obra cinematográfica, festín de ideas y cita obligada para profesores y alumnos del mundo entero.

¿Y quién no es profesor de alguien o alumno de algo, amigos?

 

(Agosto, 2016)