BERTOLUCCI Bernardo (1940-_)

Il conformista (El conformista) (1970: 5.0)

EJEMPLO. Una escena con Marcello (Jean-Louis Trintignant) y Manganiello (Gastone Moschin). Hablan en la parte trasera de un restaurante oriental en París. Al fondo, el murmullo de los cocineros en la cocina. A su lado, una lámpara que se balancea de izquierda a derecha, acercando y alejando la luz de sus rostros.

La conversación debería ser importante en la trama liosa de este creativo thriller. Pero no lo es porque Bertolucci no nos deja prestar la debida atención: nos despista con los diálogos incomprensibles e irrelevantes de la cocina y nos desconcierta con la lámpara, que no para de moverse. ¿Por qué?

Porque Bertolucci, cineasta virtuoso, quería demostrar que podía hacer varias cosas a la vez.

El efecto, más que desasosegante, es confuso y molesto. Como de simulacro: nada parece demasiado real ni demasiado auténtico en El conformista.

 

NUDO. No sé si el joven Bertolucci había asimilado a Welles y Godard, Kafka y Antonioni. En El conformista uno admira los espacios estéticos de Antonioni, la paranoia humorística de Kafka, la ráfaga imprevisible de Godard, la furia en el encuadre y el “corta-pega” de Welles… De hecho, por momentos El conformista se parece bastante a Mr. Arkadin: la ligereza al enlazar trozos de argumentos, pedazos de narración, rompiendo la linealidad del drama y los hechos, en un enfoque dinámico y casi neurótico.

 

DESENLACE. El conformista, que acaso haya sido una película del gusto de Wong Kar-Wai, no es de las grandes obras de un Bertolucci que, a lo largo de los años setenta, progresaría mucho, perdiendo parte de la juvenil ampulosidad y tendiendo hacia una mayor sinceridad, un esfuerzo mayor en crear personajes y argumentos creíbles y potentes, sin imposturas. La brillantez no ha de cegarnos, ha de iluminarnos.

 

El conformista, en este sentido, o así lo veo yo, es un rutilante film conformista.

 

(Octubre, 2016)