HSIAO-HSIEN Hou (1947-_)

Nie yin niang (The assassin) (2015: 3.0)

Uno ve, en las inevitables galerías Gagosian, la obra de un pintor, y de un pintor además figurativo hasta lo microscópico, John Currin, por ejemplo, con sus cabezas bulbosas de mujeres y sus deformidades pornográficas, con su virtuosismo técnico más vacío que una pompa de jabón, y se pregunta cómo es posible que la pintura, que durante muchos milenios tuvo la capacidad de transmitir con tal vehemencia lo mismo lo más terrenal que lo más sagrado o misterioso, haya aceptado tan de buen grado la irrelevancia decorativa.”

(A. Muñoz Molina en Babelia, “Pintura hecha vida”, junio de 2014).

 

Algunos pensarán que esta cita de inicio no guarda ninguna relación con el cine del taiwanés Hou Hsiao Hsien y quizá tengan razón, pero allá voy.

 

The Assassin me pone entre la espada y la pared: la espada es el género de la acción y las artes marciales. La pared es la ornamentación cinemática que uno espera en una película de un autor-autor tan mimado y endiosado como Hsiao-Hsien.

Este espectador, como tantos otros, queda aprisionado entre ambos polos. Y se sufre, ahí, con la única escapatoria del mando a distancia, esperando que lleguen los momentos de acción, para al menos salir de la rutina estilística: ay, el estilo como elaboradísimo spleen.

Y, por si fuera poco, apenas logro seguir el argumento de la cinta. ¿Seré un asno?

 

Toda la escenografía, puesta en escena, encuadres, planos, detalles de vestuario, objetos, etc. están mimados y cuidados hasta tal punto que parecería como si Hsiao-Hsien, más que un director de cine, fuese un cruce entre maniático orfebre y ensimismado diseñador de interiores. Todo está ultra-medido, mega-pensado y súper-confeccionado; de tal manera, que es comprensible que algunos críticos no encuentren motivos objetivos para decir nada contra un producto así: con tan buen acabado y firma autoral.

 

Pero, ¿y qué podríamos decir a favor? A favor, digo: sin paños calientes, sin eufemismos ni rodeos. ¿Nos emociona, nos inquieta, nos embelesa un arte así?

¿No es esto arte por el arte? ¿O es arte sin ensayo? ¿Bello para qué? Una belleza como significante, sin nada detrás, sin referente, sin mundo. 

¿Irrelevancia decorativa, como en la cita de Muñoz Molina que abría el texto? Así lo he visto: un Lladró oriental y en movimiento.

No me interesa, no me interesa.

 

Echo un vistazo a las líneas seleccionadas de los críticos profesionales en filmaffinity. Coincido aquí bastante con Boyero, Rodríguez Marchante y Cuéllar. El resto es casi unanimidad… ¿Será que soy rancio o será que, en realidad, The Assassin es un panal de dulce miel y yo soy definitivamente un asno? Ya saben el refrán. 

 

(Octubre, 2016)