BORAU José Luis (1929-_)

La Sabina (La Sabina) (1979: 5.0)

Como en Furtivos, José Luis Borau construyó en La sabina un relato de resonancias míticas y pasiones extremas en un entorno rural.

 

La sabina, desde el principio, se nos aparece como un objeto extraño, desigual, híbrido. La combinación cosmopolita de actores extranjeros y españoles funciona solo regular: los británicos John Finch y Simon Ward, la americana Carol Kane, la bergmaniana Harriet Andersson; españoles son Ángela Molina, Ovidi Montllor y los demás. El doblaje es un horror y casi todo suena a sucedáneo, a lo cual no ayudan los tópicos que se consagran, españolísimos, ni la subtrama de amores, celos y literatura en la que están envueltos los “guiris”, que no es creíble. Tampoco nos engancha el macGuffin de la “sabina”, una criatura legendaria que vive en una cueva, depredadora sexual y devoradora de sus amantes.

 

Sin embargo, Borau logra que La sabina no naufrague gracias, sobre todo, al estupendo personaje de Pepa, que borda una joven Ángela Molina. Pepa, una chica sencilla, guapa, trabajadora y prometida con un chico del pueblo, apenas logra entender por qué se encuentra en el epicentro de un terremoto de celos, traiciones, lujuria y envidias. Llega a conmover al espectador con sus andares, sentido común y realismo, como cuando a una frase (que podríamos llamar) de inteligencia burguesa como “unos siempre dan y otros siempre reciben”, ella replica: “Y otros siempre trabajan”.

 

Menos mal que, al final, los bobos conflictos de los guiris que la circundan no logran amargarle del todo la vida, la sensatez y el futuro.

 

(Noviembre, 2016)