DMYTRYK Edward (1908-1991)

Bluebeard (Barba Azul) (1972: 7.0)

Barba Azul es una estrafalaria, inquietante y sexy propuesta de un veterano Edward Dmytryk que actualizaba el relato de Perrault.

 

Una película construida a partir de escenas sucintas, distinguidas pero cortantes, seguidas de elipsis tremendas que nos dejan con la boca abierta y los ojos siempre sorprendidos.

 

Tan cercana a la inquietud paranoica de Poe, el juego de ingenio de La huella, la erótica de Jess Franco, la elegancia compositiva de Cukor o Mankiewicz y los cuentos góticos en la tradición de Rebecca, Bluebeard es una película estupenda e irregular, fuera de su lugar y su tiempo. Lo cual la convierte en una estimable muestra de lo que los directores del período clásico seguían fabricando en los años setenta. Una época en la que, atrapados entre un contexto sociocultural que no entendían y unos jóvenes talentos que proponían películas más intelectuales o más espectaculares, tipos como Preminger, Cukor, Dmytryk, Mankiewicz, Wilder, Hitchcock, Kazan y otros se sentían como peces fuera de su agua.

 

Quizá para parecer más moderno, las atenciones de Dmytryk se dirigieron sin disimulos hacia la visibilidad sugerente del cuerpo femenino, joven, desnudo o semi-desnudo, ante la mirada rígida y nerviosa de Kurt Von Sepper, el Casanova impotente interpretado por Richard Burton. Von Sepper: a) un asesino de mujeres que vive en una mansión en la tradición de “casas encantadas”; b) un psicópata obsesionado con su madre en la estela de Psicosis; y c) un nazi. ¡Vaya ejemplar!

 

Es destacable la galería de mujeres guapas que vemos en Bluebeard, víctimas del encanto y la barba de Burton. Casi todas, para mí, desconocidas: Joey Heatherton, Sybil Danning, Raquel Welch, Virna Lisi, Nathalie Delon, Karin Schubert, Agostina Belli, Marilù Tolo. 

 

Una tara de la película: quizá Dmytryk podría haber prescindido de la historia secundaria del chico que quería vengar el asesinato de sus padres. 

 

Al final, el playboy asesino pagará por sus muchos pecados con su muerte y luego en una excéntrica escena funeraria. Y el espectador se quedará algo perplejo ante una película tan singular, imperfecta e inesperada. 

 

(Enero, 2017)