BELVAUX Lucas (1961-_)

Pas son genre (No es mi tipo) (2014: 8.0)

Se enamora uno de No es mi tipo, una película que pasa desapercibida o, en el mejor de los casos, es despachada como la Bridget Jones de los franceses. Pero ya se sabe: más cursi, menos divertida, más intelectual, más resabiada, menos famosa.

 

Algo de eso hay en Pas son genre, pero también hay más.

 

Todo gira en torno a una pareja improbable: un filósofo de París de nombre Clément y una peluquera de provincias llamada Jennifer.

Es un subgénero dentro de la comedia y el melodrama: las parejas casi inverosímiles. Pensemos en los clásicos de La Cava como Al servicio de las damas o La muchacha de la quinta avenida, o en Sucedió una noche (Gable y Colbert) y La reina de África (Hepburn y Bogart). O en películas menos antiguas como las magníficas Mejor… imposible y Atrapado en el tiempo. Y hay casos aún más extremos, bien conocidos: Eduardo Manostijeras, Big, La bella y la bestia, Blade Runner… Es éste un subgénero apreciable en su batalla contra los determinismos de todo tipo.

 

Volvamos a No es mi tipo. Su primera media hora parece más ordinaria, pero si uno se fija comienza a detectar que la gracia se conquista esperando, prestando atención, mirando no tanto el qué como el cómo: las maneras elegantes, bellas y elocuentes del director belga Lucas Belvaux, que captura momentos y contrastes entre los dos protagonistas.

 

Si uno espera más, ya metido de lleno en la historia, la recompensa es todavía mayor. Sobre todo esa parte final, abierta y devastadora, en la que el filósofo humilla a la peluquera en una magnífica secuencia durante un desfile de gigantes y cabezudos. Tras la humillación, Belvaux ralentiza la imagen de manera significativa: es como si el mundo, para ellos, hubiese desaparecido y, de pronto, viesen pasar su vida a cámara lenta. Caminan rígidos y miran hacia delante, sin comunicación posible: ya no tienen nada que decirse.

Eran y son demasiado distintos y él ha apostado menos que ella por la relación. Así, cuando la imagen vuelve a su ritmo normal, sabemos que el amor se ha terminado. Solo quedan las cenizas: unos minutos de disimulo, antes de la ruptura final, la huida de ella del pueblo, la indescifrable impasibilidad de él y las lágrimas de una de sus amigas peluqueras.

 

Antes, hemos visto a Jennifer, en otra escena espléndida, cantando en un karaoke con sus amigas peluqueras una versión de la famosísima “I Will Survive”. Ahí Belvaux, audaz y asertivo, se atreve a regalarnos la actuación completa de la protagonista, casi siempre en primer plano, sintiendo y viviendo, riendo y llorando las palabras de la canción liberadora.

 

Antes, también, hemos visto a Jennifer regalándole un libro a la canguro de su hijo, recomendándole con ingenuidad pero firmeza que lea; que leer es muy aconsejable, al igual que estudiar y esforzarse, para conseguir lo que una quiere en la vida.

Jennifer: humillada no solo por la cobardía de Clément sino, quizá también, ante la contemplación de su vida entera. Una vida que, de pronto, se ha revelado ausente de letras y con exceso de música. Una vida alegre pero vulgar.

 

Al mismo tiempo, el frío y apuesto Clément se ha quedado parado, sin ideas, incapaz de reaccionar. Nuestro filósofo y profesor de París no quiere saber o realmente no sabe si está destrozado por la ruptura o liberado del compromiso de aguantar a la peluquera de Arras toda la vida. Clément conoce todas las letras pero no ha seguido el ritmo de la música.

 

Pas son genre es una película generosa, bella, atrevida y que jamás cae en el ridículo ni se ríe de sus arquetípicos personajes. Está protagonizada por Loïc Corbery y una maravillosa Émilie Dequenne, seguramente una de las grandes actrices del momento.

 

(Febrero, 2017)