JARMUSCH Jim (1953-_)

Paterson (Paterson) (2016: 4.5)

Digamos, primero, lo que hay que decir.

 

Paterson retrata la vida modesta y rutinaria de un conductor de autobús llamado Paterson (Adam Driver), de su novia y ama de casa Laura (Golshifteh Farahani), y del perro. Una semana de su vida.

Él es poeta aficionado y ella se dedica a las manualidades y sueña con ser estrella del folk. Él, además de su jornada laboral, camina por su gris ciudad y se sienta a veces en un banco a observar unas cascadas. También sale por la noche con el perro y toma una cerveza en un bar, donde conversa con el dueño y otros clientes. De todo esto, parece ser que Paterson toma líneas y temas para sus poemas, que se inspiran en los de su héroe William Carlos Williams, autor del breve y famoso “The Red Wheelbarrow”, que leímos y comentamos (¿tanto había que decir?) en la asignatura de Literatura Americana en Filología Inglesa.

 

Paterson sería una oda a la sencillez del día a día de esas personas humildes que no viven en Los Ángeles, Chicago o Nueva York (ni en París, Londres o Madrid). Un tributo melancólico y estilizado a la convivencia rutinaria, pacífica y sin malos rollos. Un homenaje a la poesía simple y sin pretensiones, aquella centrada en lo concreto. Y, a su manera, Paterson sería cine de resistencia ante los cines chillones, la sociedad del estruendo, el consumismo desatado de la sociedad occidental y el duro pragmatismo anglosajón. Con su estructura circular y su anestesia dramática, Paterson podría verse también como un dique cultural contra la mera idea de Progreso. Paterson sería, por último, un humilde y esencial haiku metafísico, acaso de inspiración budista, no sé.

 

Vamos a ver.

Hasta cierto punto, puedo creerme las palabras del párrafo previo. Hasta cierto punto, yo también “veo” todo eso en Paterson y no me parece mal (¡faltaría más!) que otros espectadores se entusiasmen o digan que se entusiasman, claro que no.

 

Pero también querría decir otras cosas. Tengo muchas en la cabeza, pero solo mencionaré las primeras que me vienen:

 

1-La película, ordenada en los siete días de la semana, es insípida y, frente a Ghost Dog o Flores rotas, carece de cualquier gracia, ritmo o misterio. Aburre. Cuando llegamos al miércoles, damos un suspiro: Dios mío, todavía nos quedan cuatro días más de terca rutina jarmuschiana.

 

2-Paterson no contiene ningún momento memorable. Sabemos a lo que juega Jim Jarmusch: a retratar lo anti-memorable o lo memorable-de-las-pequeñas-cosas, casi como aquel título de Arundhati Roy. ¿Pero dos horas para ello?

 

3-El talante relajado e informal, cerebral y guay de Jarmusch guía la película pero puede causar irritación por la falta de verosimilitud de varias situaciones o incluso por la falta de “fusión” entre la estilizada estructura de Jarmusch y lo que realmente se nos está contando.

Pondré un ejemplo del principio de la película. Paterson va al pub y deja fuera al perro. Dentro, saluda a dos hermanos negros, uno de los cuales parece un cliente habitual del antro. Lo sabemos porque le echa en cara al barman que aún no haya instalado un televisor y que, por su culpa, ellos se quedarán sin ver un importante partido (de béisbol o fútbol americano) que se está retransmitiendo.

Un poco después, en el mismo pub, Paterson observa en la barra del bar un tablero de ajedrez con las fichas situadas en mitad de una partida. Le pregunta a su amigo el barman contra quién está jugando, y él le responde, sonriendo, que contra sí mismo.

 

3A-Asunto primero. Si tu equipo favorito juega un partido importante, ¿por qué vas a un bar donde sabes que no lo podrás ver ya que no tiene televisión?

Porque Jarmusch, tan cool y tan indie, nos quiere mostrar un establecimiento que se “resiste” a la colonización de las pantallas y los deportes. La escena chirría, no es coherente, pero la “idea” está ahí.

 

3B-Asunto segundo. Todo el mundo sabe que jugar contra uno mismo, sea al ajedrez, al parchís o al tenis, es una tontería. Entonces, ¿por qué Jarmusch incluye ese diálogo?

Porque el director quiere, por un lado, señalar que se trata de un bar underground de cierto nivel cultural, donde no es posible disfrutar de un partido pero donde sí hay un tablero de ajedrez. Y también: porque el director quiere dotar al personaje del camarero de cierto encanto y mundo interior. El momento chirría, es una idiotez, pero la “idea” de nuevo está ahí.

 

4-¿Son Paterson y su novia “de verdad” una pareja? No lo parecen.

Tras el trabajo, como hemos dicho, Paterson pasea, habla con extraños por la calle, saca al perro y va todas las noches al bar de la esquina. Es evidente que él, ensimismado o deprimido durante toda la película (¿qué le pasa a este chico?), intenta pasar el menor tiempo posible con ella. ¿Por qué?

Ella, sonriente y dulce, le habla como si fuese un niño pequeño o un adulto discapacitado, y sus conversaciones son banales o ridículas. Ella le da las gracias varias veces, sobre todo porque él le da permiso (¡vaya con John Wayne!) para comprar una guitarra. Ella antes ha confesado que su sueño es ser cantante. En realidad, lo que vemos es que la guitarra es una excusa para probarse modelitos: buscando un estilo y una estética que la hagan diferente a otras cantantes. Mujer-florero y, como él, ensimismada.

En fin, estos dos personajes forman una pareja, pero los actores, guiados por Jarmusch, actúan como si no lo fuesen.

 

5-El perro… ¿por qué lo tienen? No le hacen caso en toda la película. Es un chucho pasivo que está habitualmente sentado o dormitando. De pronto, al final, en la “explosión” de Paterson, destroza el cuaderno de poemas de su amo. Él no reacciona: se resigna o le da igual. Ella castiga al perro en el garaje pero poco después le levantan el castigo. La vida sigue, el perro sigue; todo es un viaje a ninguna parte.

 

6-¿Cómo se justificaría, como nos enseñaba hace más de cuarenta años V.F. Perkins en Film as Film, que los poemas simplones que escribe Paterson en papeles los veamos también escritos en la pantalla mientras oímos su recitado? ¿Por qué los tenemos que ver escritos? Un énfasis irritante.

 

7-Si el director fuera otro, ¿habría tanta condescendencia o interesado olvido con los planos que nos regala Jarmusch, al menos un par de veces, de las cascadas de agua proyectadas sobre la cara de Paterson? ¿No son cursis hasta la extenuación?

 

8-¿Y qué decir de la última escena de Paterson en el banco, ante la cascada, en conversación con un turista japonés? ¿No es un diálogo absurdo y ampuloso? ¿Qué nos quiere decir Jarmusch?

Quizá Jarmusch quiere insistir en lo consabido: que su cine es cosmopolita y cool, y que un japonés y un americano pueden más o menos entenderse y hablar de poesía y decir cosas que parezcan profundas. Y luego despedirse como si tal cosa, porque en realidad todo da un poco lo mismo.

 

Por todo ello, Paterson es para mí una gran decepción: un Jarmusch menor, superficial, impostado, autosatisfecho, recluido en sí mismo; un Jarmusch que parecería haber trabajado muy poco sobre la película, independientemente de la estructura y su interesante propuesta inicial.

La crítica internacional y, sobre todo (¡por supuesto!), la nacional se han mostrado extasiadas ante Paterson. Yo no salgo de mi asombro.

 

(Febrero, 2017)