BRISSEAU Jean-Claude (1944-_)

La fille de nulle part (La fille de nulle part) (2012: 9.0)

He aquí una película francesa intempestiva e insólita, que parece haber nacido para inquietarnos, desconcertarnos y ampliar nuestro campo de visión. Jugando con su título, sería la película de ningún lugar.

 

La fille de nulle part, como una de las películas más famosas de Haneke, se desenvuelve en un código desconocido. Más que una realidad física, es una “aparición”. Un sueño puesto en imágenes, con instantes de pesadilla.

 

Es una película de terror y casa encantada, a partir del momento en que Dora, una joven descastada (la actriz Virginie Legeay), termina compartiendo hogar, trabajo y experiencias con un  viudo, veterano de Mayo del 68, que vive desde hace muchos años solo con sus libros.

Es una película que reflexiona, con el propio Brisseau que la dirige y protagoniza, sobre la religión y sus ropajes, el capitalismo y sus estrategias, la imaginación y sus peligros, la utopía política, el sentido de la vida y la prosa mundana de la realidad. Y dialoga con la ilusión y el compromiso, esenciales para seguir viviendo.

 

Por momentos, sobre todo en su primer tercio, se diría que se acerca al territorio de Rohmer, retratando a personajes que sienten y piensan y siguen buscando su lugar sentimental en el mundo. Pero es un espejismo. De inmediato se impone La fille de nulle part como una fantasía masculina y neo-hitchcockiana que convoca a una chica joven y extrañamente atractiva a quien vemos desnuda en dos o tres momentos.

Tras treinta o cuarenta minutos, la película ya está más cerca de la desazón, la claustrofobia y el sobresalto del Polanski de Repulsión, La semilla del diablo y sobre todo El quimérico inquilino. Contiene imágenes en verdad estremecedoras que, con efectos plenamente fusionados en una puesta en escena por lo demás realista, convocan no se sabe bien si fantasmas del pasado, espíritus del presente o zombis del futuro. He pensado ahí, en la manera cómo esas visiones “irrumpen” en el plano y en escena, en el Halloween de Carpenter.

 

Una referencia curiosa. La fille de nulle part me ha recordado a “Láncara”, uno de los episodios que conformaban la película española (y leonesa) de los años ochenta El filandón, sobre una chica misteriosa encontrada por un cazador, que se la lleva a vivir a casa. También aquí, seducción y muerte son cuestiones que se relacionan. Un participante de filmaffinity (“friki del terror”), en la entrada sobre El filandón, menciona a su vez un episodio de Masters of Horror llamado “Jenifer” (que no he visto), dirigido por Dario Argento, que también guardaría una relación argumental y atmosférica con la película de Brisseau.

 

La fille de nulle part, que veo en una copia decente en youtube, es otro descubrimiento que le debo a Un blog comme les autres. Una película que, a su manera, supone una reivindicación del cine como arte que no necesita ni demasiados recursos ni aspavientos ni estrellas ni dinero, siempre que no carezca de atrevimiento, ideas e imaginación. Un cine, además, menos lírico que crudo, y que atesoraría un componente inmediato, misterioso y con apariencia amateur, digno del Pialat que conozco.

 

Una historia, por otro lado, de redención. Imaginemos una especie de Taxi Driver entre cuatro paredes con el veterano sesentayochista empeñado en salvar a una jovencita de las garras de su destino de ángel caído. Resignado o decepcionado por la utopía colectiva no llevada a efecto en el pasado, mermado por la ausencia de su mujer desde hace tiempo, este hombre proyecta sus fantasías y miedos hacia la jovencita, a quien convierte en cómplice, hija y fetiche, mientras él alterna su función como profesor, padre y voyeur. Incluso como espectador.

 

Cine crepuscular y fantástico, quizá misántropo o quizá misógino, que descansa en una puesta en escena realista y audaz, con elementos curiosamente "lógicos" de sueño y pesadilla. Difícilmente podrá gustar, esta película, a un espectador muy joven. No sé, es una intuición repentina. ¿Hablamos?

 

(Febrero, 2017)