KAZAN Elia (1909-2003)

The Last Tycoon (El último magnate) (1976: 6.5)

La influyente y lenguaraz Pauline Kael definió The Last Tycoon como “una película de vampiros cuando los vampiros ya se han ido”.

No está mal. Algo de eso hay en la última película del gran Elia Kazan, uno de los directores del Hollywood heroico más maltratados por la crítica del siglo XXI.

Sí. Hay una morosidad expresiva y una ralentización dramática en la película que nos hacen verla casi como un maniquí esforzándose en ser persona.

 

A El último magnate, una película sobre los efectos devastadores del desamor, le falta algo de chispa y le sobra artificio. Le sobra cine, incluso, y le sobran algunos diálogos literarios de Harold Pinter. La atmósfera de amargura existencial está conseguida pero, por el camino, la obra pierde encanto y su decadencia vital tiene algo de postiza, de “actuada”.

 

No obstante, uno puede admirar su solidez narrativa, los escenarios y los excepcionales intérpretes, entre los que querría destacar al contundente Robert Mitchum y la joven Theresa Russell, entre un elenco de actores que incluye, atención, a Robert de Niro, Ray Milland, Jeanne Moreau, Dana Andrews, Jack Nicholson, Ingrid Boulting, el gesticulante Donald Pleasance y el estupendo Tony Curtis.

 

Este es un cine serio y bien construido. Una película sobre el cine y sobre una época que había retratado por escrito Scott Fitzgerald.

Kazan, todo un veterano, había visto cine europeo reciente y las sombras de Bergman, Antonioni y del Fellini más sombrío (además de la de Cassavetes, quizás) parecen adivinarse en algunos encuadres y en planos que ilustran un vacío no sé si más veraz, estético o vampírico.

 

(Febrero, 2017)