ALTMAN Robert (1925-2006)

McCabe and Mrs. Miller (Los vividores (Del mismo barro)) (1971: 4.5)

Dos hombres se pelean en un ambiente tenebroso y hostil mientras suena un villancico. 

¿De dónde procede la música?

De ningún sitio que se justifique por el argumento ni por la escena que estamos viendo.

 

Esa música es presa de las intenciones desmitificadoras del director norteamericano Robert Altman, dispuesto aquí a deconstruir el western y mostrar su verdadera “realidad”. Es decir, que todo era mucho más feo, escabroso, violento e injusto que en las películas de Ford, Walsh o Anthony Mann. Altman nos quiere enseñar que capitalismo, prostitución y crimen están asociados desde hace mucho tiempo y que los cineastas del período clásico falseaban la historia.

 

Dos objeciones.

 

La primera es cinematográfica y ya está ejemplificada con el villancico de más arriba.

Porque hay que protestar: ¿no son obvias algunas de las decisiones tomadas y muchos de los recursos empleados por Altman?

¿Recordamos la gigantesca bandera americana al final del patético concierto en Nashville? Volvamos a Los vividores. El final de la cinta nos presenta a su héroe, McCabe (Warren Beatty), batiéndose en duelo con tres matones contratados por la empresa que le quiere malcomprar la propiedad. Es un duelo en el que nadie duda en disparar por la espalda, sin nobleza de ningún tipo. Es un día helado, el pueblo está cubierto de nieve y la iglesia empieza a arder. Muchos se dirigen allí a apagar el fuego y nadie ayuda al pobre McCabe. Él, que ha hecho prosperar a su manera la economía del lugar, se encuentra abandonado a su suerte en desigual combate: Solo ante el peligro sin intriga ni épica. Mientras tanto, la señora Miller (Julie Christie), de la que está enamorado, tampoco hace nada por él y se queda resignada en su casa de putas feísimas. Que se muera McCabe como un perro, eso a nadie le importa.

¿Hace falta insistir tanto?

 

La segunda objeción es más cultural, si se quiere. Al menos desde el presente, ¿no despiden muchos westerns desmitificadores o revisionistas un aire de caricatura, de parodia fácil, de destrucción sin reconstrucción, de anti-épica y anti-lírica sin ofrecer casi nada a cambio? La escritora Marta Sanz, en su entretenida novela Farándula, lo expresaba así: “Parodiando. Es decir, odiando un poco”. Y tras el odio, ¿qué nos queda?

 

Termino. Los vividores es una interesante muestra de un tipo de western "a-la-contra" muy en boga a finales de los sesenta y setenta. Una obra feísta, tenebrosa y de intenciones tan obvias como, a la postre, materializadas de manera irregular y algo enfática.

Ni siquiera las bellas canciones de Leonard Cohen convencen en este contexto.

Quizá lo mejor de la cinta sea Julie Christie y cómo nos mira.

 

(Febrero, 2017)