ALLEN Woody (1935-_)

To Rome with Love (A Roma con amor) (2012: 8.0)

Es formidable cómo algunas comedias que no han gozado ni de éxito de público ni del beneplácito de la crítica solemne (o solemne-gamberra: los extremeños se tocan), películas recientes como la francesa No es mi tipo (Belvaux) o la alleniana A Roma con amor, pueden sacar conejos de su chistera de la manera más inesperada.

Pocas películas del maestro Woody Allen han sido tan despreciadas como To Rome with Love. ¿Por qué?, me pregunto. Tengo tres explicaciones.

 

La primera es que A Roma con amor no es una película seria ni tiene ambiciones estilísticas, psicológicas o sociológicas. No es Match Point o Blue Jasmine. Pero tampoco Manhattan, Interiores, Días de radio, Zelig, Broadway Danny Rose, etc.

 

En segundo término, está el sambenito repetido hasta la saciedad de que el cine de Woody Allen lleva decayendo desde hace quince o veinte años. No lo comparto. Si pienso en mis películas favoritas de Allen, veo que son de los setenta, los ochenta, los noventa, de la primera década del siglo XX… y de la segunda. Es decir, en mi opinión Allen tendría grandes películas en todas sus décadas. Y por ceñirme solo a obras posteriores al año 2000, he encontrado sobresalientes La maldición del escorpión de Jade, Scoop, Match Point, Todo lo demás, Si la cosa funciona y Midnight in Paris. ¡Seis películas magníficas en 17 años! Y ni siquiera he visto todas. Solo Eastwood podría acercarse a ese nivel de cantidad y calidad.

Son obras por lo general divertidas y con un punto de locura y de falta de cálculo que puede ser muy sano si se administra con la fluidez narrativa de Woody Allen. Películas luminosas y atentas a unos personajes a veces definidos con superficialidad pero que atesoran un encanto innegociable. Y aquí querría hablar de mi tercera explicación.

 

A Roma con amor es como una “screwball-comedy”, un film lleno de gags brillantes que me ha hecho reír como pocas y que asocia las tentaciones del amor tanto con la perdición y el fracaso como con la ruptura de la rutina.

Es decir, es una película no demasiado atenta a su “estructura”. Hay allenianos confesos cuyas películas favoritas del genio de Nueva York son las más estructuradas, las más aplicadas a un guion milimétrico de ordeno-y-mando: sus películas más cerradas, más equilibradas, en cierta forma. Pienso ahora en la reciente Café Society, muy alabada dentro y fuera de los círculos allenianos y que para mí es una obra estimable, bien hecha pero con un punto decepcionante: con menos encanto que otras, demasiado atada y bien atada.

Así que encuentro A Roma con amor mucho más atractiva que Café Society. Ríanse si quieren.

 

A Roma con amor es un carrusel de risas, momentos imprevisibles y chistes en torno a los italianos y sus tópicos. Se compone de elementos desternillantes como la insistencia del personaje interpretado por Allen en que un maduro italiano cante óperas, aunque sea siempre bajo la ducha… ¡incluso en el escenario! Momentos agradables y relajados con Alec Baldwin, que es el ángel de la guarda del joven que interpreta Jesse Eissensberg, cuyos dilemas amorosos se acuerdan de Rohmer. Instantes estupendos como los que vive Roberto Begnini en los episodios más surrealistas de la película, cuando se ve de la noche a la mañana convertido en una “celebrity” sin saber por qué ni cómo.

 

Esta Roma de Allen sí que es La gran belleza.

Tendré que revisar Vicky Cristina Barcelona. Aquello pudo ser un mal día; mío.

 

(Marzo, 2017)