LUBITSCH Ernst (1892-1947)

The Shop Around the Corner (El bazar de las sorpresas) (1940: 9.5)

El bazar de las sorpresas es una de esas películas en las que uno podría quedarse a vivir. Es linda, es dulce, es graciosa, es “cosy”. Es un cuento de Navidad agridulce con final feliz, ¿se puede pedir algo más? No será quizá la mejor de la carrera de Ernst Lubitsch pero quizá sí sea la más amable y la que prefiero.

 

Su argumento, sentimental y de cuento de hadas, se desarrolla en Hungría mientras, en el mundo real, Hitler aún se sentía muy fuerte y la Segunda Guerra Mundial estaba a punto de empezar.

 

En una tienda de Budapest se refugia Lubitsch con James Stewart, Margaret Sullavan y los demás intérpretes. Quiero acordarme sobre todo del magnífico Feliz Bressart, que encarna al vendedor Pirovitch y que protagoniza los momentos más divertidos de la cinta: cada vez que oye a su jefe Matuschek (Frank Morgan) pidiéndole a alguien su “honest opinion” (opinión sincera) sobre cualquier cosa, sale disparado escaleras arriba.

Por supuesto, las puertas de Lubitsch tienen sus momentos de gloria; puertas que se abren y cierran creando confusión, humor y cierto suspense.

Los personajes hablan sin parar y uno se admira de que en escasa hora y media se digan tantas cosas interesantes e inteligentes.

Y uno se alegra de que la historia entre Klara Novak (Sullavan) y Alfred Kalik (Stewart) termina con un beso de amor.

 

El agudo Nadal Suau, en su crítica sobre Oculto sendero (Elena Fortún) en El Cultural (noviembre, 2016), señalaba cómo esta novela obliga al crítico a “tomar en serio esa idea de que un estilo sin vanguardia (en sentido amplio) puede transportar ideas de riesgo y perdurables”.

Bien, pues yo diría, dándole la razón a Suau, que este Lubitsch íntimo, “working class” y post-vanguardista transportaba en aquel momento ideas de riesgo y perdurables. A saber: defendía los buenos sentimientos, el clasicismo, el humor, la ironía, la lealtad y, lo más importante, el capitalismo con rostro humano y, por elevación, la democracia. No es poco riesgo, no. Ahora tampoco.

 

-Epílogo de justicia. Quisiera decir que Garci y su ya legendario programa televisivo me descubrieron esta película hace unos veinte años. Al César lo que es del César, una vez más.

 

-Epílogo sobre la vanguardia. El filósofo Juan José Sebreli, en El asedio de la modernidad, nos avisaba: “En su expresión más radicalizada, la vanguardia ha sido deliberadamente antiprogresista, ya que no se interesaba por el porvenir y rechazaba el pasado, y no hay idea de progreso sin la integración de los tres tiempos”. En este sentido, Metrópolis sería antiprogresista, al contrario que El bazar de las sorpresas o Ser o no ser

 

(Marzo, 2017)