HITCHCOCK Alfred (1899-1980)

Suspicion (Sospecha) (1941: 8.0)

Aunque pueda, con razón, verse como un Hitchcock menor (algo teatral y artificioso), y seguramente lo sea, Sospecha va cargándose de razones a medida que nos introducimos en su entramado de paranoia y casi locura.

 

Sospecha es una película sobre cómo un gran actor puede engañarnos tan bien que no sepamos realmente si actúa o no.

Ese buen actor es Johnnie (Cary Grant), el marido de Lina (Joan Fontaine), a quien desde el principio de la cinta se le presenta como un farsante, un posible estafador, un playboy, un sinvergüenza. Un tipo nada fiable. El problema es que su mujer, la sufrida Fontaine, no sabe hasta qué punto su marido interpreta un papel. Sobre todo, no sabe si su esposo sería capaz de llegar al asesinato con tal de conseguir sus objetivos, que se resumen en uno: obtener dinero de donde sea sin trabajar.

 

Hitchcock, con un buen puñado de brillantes decisiones de puesta en escena e insertos amenazadores, nos va dando una de cal y otra de arena. El marido parece malo pero, de pronto, ya no lo es tanto, incluso podría no ser un tipo detestable. La mujer parece una ingenua enamorada que sospecha, con motivo, de las intenciones de su esposo pero, de pronto, Hitchcock nos la presenta como una perturbada, una paranoica de la que salir huyendo.

 

Decisiones brillantes de Hitchcock son, por ejemplo, el legendario vaso de leche que Grant le sube a su esposa por la escalera. Y el libro que ha cogido prestado de casa de la escritora de novelas de misterio, que añade más inquietud a la mente bulliciosa de Fontaine. O la palabra que forma, sin darse cuenta, Fontaine cuando juega con unas fichas (del Scrabble, quizá): “murder” (asesinato), apunte que seguramente cuatro décadas más tarde retomó Kubrick en El resplandor. O los intensos momentos en el coche, cuando no es evidente si Grant, con la puerta abierta hacia un precipicio, quiere tirar de su esposa hacia dentro o empujarla al vacío. Juega ahí Hitchcock, con su enorme habilidad, a las apariencias: ¿quería salvarla o quería matarla? En Hitchcock, tantas veces, y en Sospecha en concreto, un abrazo puede ser un gesto alarmante y equívoco.

 

Hitchcock, que había firmado poco antes la gigantesca Rebeca, un Hitchcock probablemente aún no consolidado pero con una visión de la existencia donde prima (como en uno de sus sucesores, Polanski) el aire de amenaza siempre latente, nos regala en Sospecha una película notable en el subgénero de hombres-que-vuelven-locas-a-sus-mujeres. Ahí están de esos años La sombra de una duda (también suya), Aguas turbias (De Toth), Luz que agoniza (Cukor), La casa roja (Daves)…

Mujeres siempre alerta ante unos hombres a veces Jekyll y a veces Hyde, suponemos que como el propio Hitchcock.

 

(Abril, 2017)