OZU Jasujiro (1903-1963)

Banshun (Primavera tardía) (1949: 9.5)

Si ha existido el clasicismo en el cine es por películas como Primavera tardía: armonía en la composición, equilibrio en la narración, sobriedad en el drama, temas universales.

 

El asunto principal de Primavera tardía es por todos reconocible: esa Ley de Vida que se invoca en la propia película. Los hijos se casan y abandonan el hogar. Los padres se quedan solos. Siempre pasa y suele provocar desgarros en ambas partes.

Esa manzana que va pelando el papá al final de la película, cuando su hija se ha ido y él se ha quedado solo. Una resignada desolación. Uno de los grandes momentos de la película, y quizá del Cine.

 

Esos desgarros que muestra el japonés Yasujiro Ozu están bellamente estilizados a través de una puesta en escena concisa y pudorosa, estática y distinguida, que aprovecha los espacios de manera siempre significativa, casi a ras de suelo.

Esa quiebra fundamental en las relaciones de padres e hijos está encarnada, en materia y espíritu, por dos actores extraordinarios, Chishû Ryû y Setsuko Hara. Ambos dan lo mejor de sí para dar vida a los personajes principales: el sensato papá Shukichi y su adorable hija Noriko.

 

Uno, llevando el agua al molino de la literatura española, ha pensado quizá abusivamente en algunas novelas de Miguel Delibes o, quizá con más tino, de Azorín (por ejemplo la Doña Inés anotada por mi padre) para encontrar una parecida simiente: narración precisa, lenta y atenta a los detalles, respeto por los dilemas de los personajes, interés en el paso del tiempo, conflictos eternos presentados de manera sencilla porque son complejos.

No hay contradicción. Este es un arte sutil, armonioso y apacible en la superficie que ilustra la enseñanza de aquella famosa frase, probablemente de Elias Canetti, que ya he citado más veces: el agua mansa es muy profunda.

 

(Mayo, 2017)