HANSEN-LØVE Mia (1981-_)

L`avenir (El porvenir) (2016: 8.0)

Protagonizada por Isabelle Huppert, y esto ya es decir mucho, El porvenir es una película sobre el futuro cuando este, de manera brusca, se hace presente y uno ha de reinventarse para seguir viviendo. Es una película compleja, generosa y positiva. 

 

El personaje de Huppert, profesora de filosofía y escritora (¡qué maravilla ser francés!), ha de torear con diversos contratiempos en su vida. Mas ella, desconcertada pero adaptable, no se rendirá e irá aprendiendo a ser otra cosa. Abuela, por ejemplo, al final de la cinta, en una secuencia memorable.

 

Mia Hansen-Løve, como si dijéramos, es una fusión impecable de Rohmer y Soffia Coppola (con un lado social o Guédiguian). Por un lado, se centra de manera diáfana y luminosa en las relaciones humanas y sentimentales entre sus personajes. Por otro, aporta un toque moderno y musical al ritmo y estructura de su película, que ya se parece más a un Desplechin que a Truffaut cuando retrata a burgueses de la Francia de ahora mismo.

Y aunque el encanto de esos burgueses sea discreto, como bromeaba Buñuel, podríamos añadir de inmediato que ese encanto es producto de la civilización francesa y, por tanto, europea, y debería ser reivindicable. Uno sigue siendo bastante afrancesado.

(Una digresión política. Quizá Mélenchon o Marine Le Pen sean más rompedores -anti-globalización, anti-capitalismo, anti-burguesía, patriotismo, Gente/Casta, proteccionismo, etc.- que Macron. Pero éste, sin duda, tiene más encanto y vocabulario y es más civilizado. Esto lo hace preferible a sus radicales contrincantes, pues piensa uno que civilización, encanto y vocabulario son elementos que guardan más relación con la democracia, el progreso, la cultura y la idea de Europa)

Volvamos al film, que me pierdo.

 

Ningún personaje de El porvenir es despreciable ni caricaturesco. Todos tienen sus razones, como quería Renoir, y Hansen-Løve los muestra muy imbuidos en la doble tarea de ser egoístas y cooperadores. Es la vertiente dual de la naturaleza humana: tanto la búsqueda del interés propio como la tendencia a colaborar están en nuestros genes. Esto se ve en la película.

Y es sintomático observar cómo los debates izquierdistas que se exponen en la película son sutiles, nada gruesos (no rehuyen el idealismo ni la protesta, no descartan los reproches ni las contradicciones). Y vemos por ejemplo a la admirable Huppert intentando atravesar un piquete en un día de huelga en su instituto, argumentando que ella y sus no menos admirables alumnos tienen derecho a la educación. Algo en España poco probable en la vida real y en el cine, pues no se corresponde con el previsible “pack izquierdista” que a uno se le supone en esa situación por defecto, sin pensar. 

Pero ya ven, Francia dándonos lecciones de cine y pensamiento una vez más.

 

El porvenir es una gran película que, pese a su sofisticación, no pierde pie con el mundo real, rebosa sensibilidad y no da muestras de desaliento. 

 

(Julio, 2017)