ROSS Herbert (1927-2001)

Play It Again, Sam (Sueños de un seductor) (1972: 8.0)

Sueños de un seductor es tan buena y alleniana que parece de Woody Allen. No lo es. La dirige Herbert Ross, muy inspirado en los años setenta. Pero de Allen es el guion y el protagonismo de la cinta, en la línea con su humor, manías y preocupaciones.

 

Sueños de un seductor es ese tipo de película con ángel de la guarda: aquí es Humphrey Bogart (encarnado por Jerry Lacy), que se le aparece al deprimido personaje interpretado por Allen y le da consejos sobre cómo conquistar a las mujeres. Como todo en esta vida: es más fácil dar consejos que recibirlos y asimilarlos.

Pienso en ángeles de la guarda. Como, en el cine reciente, el ex futbolista Eric Cantona, que ayudaba al protagonista de una muy simpática película de Ken Loach, Looking for Eric.

James Stewart tenía un amigo invisible, un conejo de la suerte, en aquella vieja película de Koster, El invisible Harvey. Y el propio Stewart sobrevivió gracias al ángel más famoso, el de la inmortal obra de Capra, ¡Qué bello es vivir!.

 

Con o sin ángel, Allen está aquí en su salsa cómica y neurótica, haciendo chistes sobre psicólogos, riéndose de sí mismo y enamorándose de su amiga, en la película, Diane Keaton, que está espléndida.

Y son bellos sus paseos juntos, y lúcidas sus conversaciones, y me gustan mucho ambos.

 

Sueños de un seductor es una película divertida, ligera, inteligente.

Tendré que invertir más tiempo (y acaso dinero) en Herbert Ross.

 

(Agosto, 2017)