MILLER Rebecca (1962-_)

Maggie`s Plan (Maggie`s Plan) (2015: 5.5)

Hay una bonita escena en Maggie`s Plan donde vemos a la protagonista patinando sobre hielo con su hijita. Son unos instantes llenos de magia, gracia y dinamismo.

Y ahí, de pronto, la mamá deja a su hija en manos de un instructor que patinaba también por la pista y ella se aleja deslizándose a otro sitio. ¿Por qué tenía que aparecer un cuidador o coach en la pista de hielo? ¿La mamá no quiere encargarse de su hija demasiado tiempo? ¿Se ha cansado o aburrido ya de su hija cuando mejor se lo estaban pasando, ellos y nosotros, los espectadores?

 

Maggie`s Plan es cine indie americano: ligero, ingenioso, divertido, higiénico. Como el cine de Baumbach o como un Woody Allen menor, aquí encarnado en Greta Gerwig, musa del cine independiente americano. Su personaje es parlanchín, inseguro, gracioso, contradictorio… ¡y viste fatal!

 

La película funciona mejor como comedia de amores, embarazos y fragilidades en su primera mitad. En la segunda, sin perder del todo la frescura, se hace más enrevesada y hasta tontorrona. La historia de amor, confusión, desamor y vuelta a empezar entre Ethan Hawke y Julianne Moore ni es muy creíble ni interesa demasiado. Ambos personajes llegan a ser insoportables.

 

La película, insisto, es graciosa, ágil, ocurrente y quiere pillarnos a contrapié. Pero todo está demasiado atado. Y aquí vuelvo a la escena del patinaje mencionada al principio. No hay riesgo ni esplendor y, cuando, de pronto, surge la chispa y la emoción, éstas se desvirtúan con la irrupción de un elemento “demasiado” civilizado o controlador: ese cuidador de la pista de patinaje, por ejemplo. Por momentos a uno le da por pensar que todo (los personajes, sus dilemas, el conflicto) responde más a una calculada pose cool que a otra cosa de más entidad. Por momentos, vaya, no parece que Rebecca Miller tenga demasiadas cosas que contarnos.

Así, cuando la directora nos muestra a los personajes andando por la calle hay numerosos cambios de plano para enfocar a un músico callejero, un perro o unos pájaros volando. ¿Para qué? Yo creo que porque Miller piensa que nos vamos a aburrir si nos muestra “todo el tiempo” a sus personajes mientras dialogan y, al enseñarnos estas otras imágenes chulas, modernas o inesperadas, nos quiere decir: fíjate qué estilo tengo, cómo capturo ese “hype” neoyorquino a mi alrededor. Bueno, pues no es para tanto.

 

(Octubre, 2017)