SCORSESE Martin (1942-_)

Silence (Silencio) (2016: 5.5)

Aun corriendo el riesgo de que mi amigo Atticus, fan número uno de esta película como expone en su blog, no vuelva a dirigirme a la palabra, quisiera mencionar una serie de objeciones a propósito de Silencio, dirigida por el mejor director vivo, según algunos.

 

Y lo haré, de momento, comparándola sucintamente con una película de 1986, La misión, con un tema similar: la labor de los misioneros cristianos en tierras “extrañas” hace varios siglos. A ver, lo diré rápido. Los paisajes son más impresionantes en La misión y están mejor utilizados. Los actores de la película de Joffé son más brillantes y los personajes están definidos con más acierto (Adam Driver no se cree en ningún momento su papel). La música es mucho más emocionante en The Mission.

Y diré una cosa más, la más importante y no sé si estrafalaria, errada o escandalosa: La misión, que tampoco es una obra maestra, está mejor rodada y montada que la película de Scorsese.

 

Silencio, a partir de una propuesta argumental ambiciosa y un “ánimo” torturado, no parece una película muy trabajada a nivel técnico y narrativo. No hablo del guion, aunque quizá también podría decirse algo. Me refiero al trabajo de cámara, planos, encuadres, elipsis, montaje. Escena a escena, y más allá de algunos planos en verdad llamativos por su impacto intrínseco (torturas de los japoneses cristianos, sufrimientos de los misioneros portugueses), la película está realizada de manera desigual. Hay escenas demasiado largas, otras demasiado cortas. Hay cortes de plano repentinos que no se justifican. Falta continuidad en la narración, entre escenas y secuencias. Los saltos de planos generales a primeros planos se llevan a cabo de manera perezosa o poco audaz. En fin, no quiero extenderme ni mear fuera del plato, pero lo que he visto es una obra épica y obsesiva (o meramente testaruda) cuya materialización en imágenes es algo torpe, irregular, deslavazada, sin un estilo homogéneo (si es que pensamos que esto ha de ser un criterio meritorio). 

 

Silencio, que puede verse como otra relectura tanto de El corazón de las tinieblas como de Apocalypse Now, nos revela a un Scorsese dispuesto a crucificarse, ahora (o quizá de nuevo), en el altar del cristianismo. Y el empeño es elogioso y valiente, no digo que no.

Nos muestra, el director de Taxi Driver, la persecución a los cristianos en el Japón del siglo XVII y la empresa idealista o fanática de dos jesuitas europeos, dispuestos a arriesgar sus vidas para propagar la religión católica en aquel país o “ciénaga”, como se la describe para señalar que allí no pueden cuajar ni crecer plantas foráneas.

Ser perseguido por tus creencias, qué duda cabe, es algo triste y condenable. Hoy día, ciñéndonos a los cristianos, algunos viven aún su fe en permanente riesgo de muerte y son todavía asesinados en países como Egipto. 

 

Se puede admirar la propuesta de Scorsese y congratularse de que se atreva a hincarle el diente a un tema de este calado y magnitud, tan poco comercial, en el siglo XXI. Lo que no se puede decir, o yo no puedo decir, es que estemos ante una gran película. 

 

(Octubre, 2017)