FREARS Stephen (1941-_)

Philomena (Philomena) (2013: 6.5)

El periodista venido a menos Martin Sixsmith acepta a regañadientes un trabajo fuera de su línea habitual. En la esfera del “human interest”. El interés humano: esos reportajes que la prensa más abstracta suele desdeñar por ser demasiado concretos, morbosos y limitados. Carne de nuestra carne.

Sixsmith, que se codeaba con políticos de postín en reuniones y cócteles, baja dos peldaños en su carrera y accederá a una cura de humildad. El periodista, a regañadientes, se embarca en un viaje a América con Philomena, una anciana irlandesa que ansiaba conocer a un hijo que le arrebataron mucho tiempo atrás. Ella fue una de esas jóvenes disolutas que tuvo un bebé en pecado, al que las monjas dieron en adopción a una pareja norteamericana con dinero. Sin el permiso de la madre, que no pintaba nada. Monjas poco cristianas.

El desgarro de la madre fue inimaginable. Es imposible ponerse en su lugar.

 

Stephen Frears, un director siempre grato que dejó atrás sus mejores años, nos cuenta la historia de Philomena y Sixsmith con claridad y simpatía. Sin incidir demasiado en el sentimentalismo ni en el drama. Rueda el veterano Frears, a estas alturas de su película, con naturalidad y competencia, absorbido su antiguo desparpajo progresista en una especie de clasicismo televisivo y democrático, algo pobre pero no irritante.  

 

Philomena es cine sencillo, directo y humano. Un drama con conflictos y dilemas comprensibles. Un film que nos podría haber llevado a las lágrimas (pero Frears no insiste). Un drama con gotitas de comedia a cargo del cómico Steve Coogan, que no parece muy cómodo en su papel. Frente a él, Judi Dench está de nuevo estupenda en el papel de la sufrida y generosa Philomena, una mujer capaz de perdonar lo imperdonable. Tener hijos para esto, querida.

 

(Octubre, 2017)