WISE Robert (1914-2005)

The Andromeda Strain (La amenaza de Andrómeda) (1971: 6.5)

Este cine de ciencia-ficción y suspense parece, visto hoy, alienígena. Lo cual tiene relación con el argumento de la película.

 

Es una ciencia-ficción que no se desarrolla en el espacio exterior ni en un planeta extraño. Acontece en la Tierra, en un pueblecito contaminado por un virus venido de otro planeta. No hay marcianos ni bichos raros, solo ese virus o bacteria que se multiplica o divide de manera misteriosa. No hay héroes atractivos ni peligrosas peleas.

El clímax del film se produce de manera muy original y contrarreloj: vemos cómo uno de los científicos ha de pulsar un botón a tiempo antes de que, como ya suponen, el virus se extienda por todo el planeta y extermine al ser humano.

 

El suspense elaborado por Robert Wise es estrafalario, admirablemente anticuado. Un suspense que se sostiene en la precisión (del científico y del director de la película), no en el alboroto ni los sobresaltos. Un fallo de precisión en la labor de los científicos que investigan el virus provocaría una catástrofe. La paciencia es la madre de la ciencia. Wise centra su película en esta cuestión y La amenaza de Andrómeda parece un alegato en favor de la precisión, el conocimiento y el trabajo bien hecho.

 

Este es un cine muy pulcro, fiel exponente de parte del cine de Robert Wise (pensemos en Star Trek): aséptico, frío, milimétrico, realista en su irrealidad. Actores sin carisma, personajes robóticos, escenarios interiores de diseño. Un apocalipsis controlado.

Somos testigos de la novedosa seducción de la tecnología, muy de los años setenta y de las historias de Michael Crichton: apogeo de monitores, botones de colores, pasadizos, palancas; los primeros ordenadores, la inteligencia artificial. La ciencia es casi un Dios, pero cuidado: que no nos domine a nosotros.

En cuanto a las vidas de otros lugares del espacio: cuidado también. No sabemos lo que hay ahí fuera. Deseo, peligro.

 

(Octubre, 2017)