EASTWOOD Clint (1930-_)

Sully (Sully) (2016: 4.5)

El meollo central de Sully tiene una potencia considerable.

Por un lado, está el avión real y el simbólico, que nos retrotrae al 11-S. Esta vez, el avión no solo no se estrella en Nueva York sino que sus 155 pasajeros se salvan gracias a la pericia del piloto, que logró la hazaña de posar el avión en el río Hudson.

Por otro lado, nos encontramos con Sully. Un héroe americano, y con toda legitimidad. El piloto interpretado por Tom Hanks (Hanks, decimos: el canon. El James Stewart de los últimos treinta años).

La valentía de Sully, su instinto y sentido del deber evitan la tragedia. Pero luego se ha de enfrentar, como Harry el Sucio más de cuarenta años atrás (¡pero de manera pacífica!), a la mediocre burocracia y la mezquina envidia. En este sentido, la película podría haberse llamado Cuando Harry encontró a Sully. Es un chiste.

 

Volvamos a ser serios.

A veces, nos dice Eastwood en Sully, alguien tiene que salirse del guion para beneficiar a muchos. Aunque se arriesgue a que le llamen cosas por la calle y que sus jefes le acusen de irresponsabilidad y afán de protagonismo.

Haría falta más gente como él, como Sully, para tomar la iniciativa y dar la cara en situaciones extremas.

 

Todo esto está muy bien. Pero el problema de la cinta es doble.

 

En primer lugar, la duración del film, desproporcionada en este caso: el argumento de Sully no tenía tanto recorrido. En 60 minutos, siendo generosos, se podría haber despachado. Por eso, es penoso por momentos observar las tretas de guion, y el seguidismo en la dirección de Eastwood, para alargar la trama principal. Flashbacks, dentro del avión, fuera del avión, en el aire, en el agua, Hanks y su compañero haciendo jogging, Hanks hablando con su mujer, Hanks viendo la tele, Hanks en un pub (un bar casi tan aburrido como el de Paterson). Por no hablar de toda la secuencia final de las simulaciones de vuelo, un estiradísimo chicle.

 

El segundo problema, que se solapa con el primero, nos coloca ante la manera como está contada la heroicidad de Sully. Nada que objetar al asunto principal: sin duda, Sully es un héroe y un modelo en el que inspirarnos. ¿Pero hacía falta insistir tanto en la irrebatible heroicidad? Jamás en un film de Eastwood había asistido a un festival tan triste de reiteraciones dramáticas y subrayados ético-morales. Añadamos unos diálogos ultra-ortodoxos, poco rigurosos, casi indignos del director de joyas indestructibles como Sin perdón, Los puentes de Madison o Gran Torino.

 

Me gusta mucho Sully, el héroe. Pero Sully, la película, es un importante chasco en la carrera de Clint Eastwood.

 

(Noviembre, 2017)