ZEMECKIS Robert (1952-_)

Allied (Aliados) (2016: 7.0)

El veterano Robert Zemeckis, aunque nadie le haga caso, es un director competente que colecciona éxitos de los años ochenta (Tras el corazón verde, ¿Quién engañó a Roger Rabbit?), los noventa (Contact) o ya en el siglo XXI (Náufrago, El vuelo).

Pero Zemeckis es, sobre todo, el autor de dos de los mayores triunfos de la historia del cine: la trilogía de Regreso al futuro y Forrest Gump. ¿Conocen a alguien con menos de 60 años y más de 20 que no las haya visto?

 

Hacía muchísimo tiempo que no me topaba con una película suya y, de hecho, compruebo ahora que con Aliados Zemeckis va a estrenar entrada en mi modesta web. ¡Ya era hora! Tras dos mil quinientas películas comentadas, casi apetece pedir disculpas. 

 

Porque Zemeckis es un director sólido y con olfato, alguien amante de historias con gancho. Un Spielberg de baja intensidad y menos vuelos, digamos.

Quién sabe, quizá Zemeckis no sea peor director que el autor de Encuentros en la tercera fase. Habría que investigarlo. Que nadie se escandalice.

 

Aliados fue, con pocas excepciones (Guía del ocio, hasta donde yo sé), masacrada por la crítica española. Todo muy excesivo, más aún si tenemos en cuenta lo que buena parte de esos reseñistas vienen considerando excelso últimamente: la nadería seudorohmeriana de Sang-soo, la petulancia estilosa de Sorrentino, los tebeos simétricos de Wes Anderson, la obviedad crítica de Östlund, el “experimento” anodino de Boyhood, la caricatura hiperrealista de El club, etc.

 

Aliados es cine clásico o, al menos, neoclásico: un cine que imita el clasicismo, a Casablanca y cosas así. Y desde este punto de vista, sí es cierto que despide, en especial en su primera media hora, cierto olor a sucedáneo. La química entre las estrellas, Brad Pitt y Marion Cotillard, tampoco ayuda demasiado (aunque no estoy seguro). Algunas decisiones de guion parecen poco creíbles.

Todo esto puede ser verdad.

 

Sin embargo, Aliados es una película noble, bastante jugosa, rodada con distinción y cierta audacia. Y, atención, porque desde el momento en que Max Vatan (Pitt) comienza a sospechar de su esposa (Cotillard), creyéndola una espía nazi, la película pega un vuelco gigantesco y se hace extremadamente sugestiva. Y hitchcockiana: ¿cómo no pensar en Sospecha y La sombra de una duda?

 

El final es lógico y bello. 

 

(Diciembre, 2017)