CASSAVETES John (1929-1989)

A Woman Under the Influence (Una mujer bajo la influencia) (1974: 7.0)

Mucho tiempo había pasado desde mi último Cassavetes.

Ahora me enfrento a Una mujer bajo la influencia y me pasmo ante el estilo único y reconocible de un cineasta incomparable.

Esta obra puede etiquetarse como drama familiar, pero no necesariamente “una película contra la familia, sino una película que nos sumerge en la tormenta íntima, desmesurada, turbulenta, de la estructura familiar”, como señala Thierry Jousse en el libro que publicó Cátedra sobre el director (traducción de A. Martorell).

 

A Woman Under the Influence fusiona el teatro y el lenguaje cinematográfico con notorio brío. Uno puede perfectamente imaginarse esta historia sobre las tablas, pero al mismo tiempo percatarse de que Cassavetes, con su cámara nerviosa, abundantes primeros planos, focalización en rostros y diálogos entre naturalistas y absurdos, consigue un producto diferente, atrevido, misterioso.

Seguramente, opino, no sea una de las mejores películas del director neoyorquino (demasiado larga y, por momentos, reiterativa en sus trastornos), pero es un notable exponente de la audacia que muchos directores ensayaban con ímpetu apreciable en los últimos años sesenta y primeros setenta.

 

Una mujer bajo la influencia es una película enérgica, seria, adulta. Una historia de amor valiente, nada ingenua. Su tema principal, diría, es la enfermedad mental de la protagonista, interpretada por Gena Rowlands (¿sobreactuada o en su papel?). Una mujer hasta cierto punto oscurecida por un marido poco sutil (un gran Peter Falk), que no sabe cómo transitar entre el trabajo y la vida familiar, donde ha de lidiar no solo con su esposa sino con tres hijos pequeños y algún familiar más.

 

Es fenomenal y enigmático cómo acaba Cassavetes su película, sacando la cámara fuera de la casa, mostrando (y velando a través de las ventanas y cortinas) a los dos protagonistas, ella y él, cuando las visitas ya se han ido y se han quedado solos. Y ambos han de empezar de nuevo, queriéndose, esforzándose, apostando, como siempre. Y hablan, cómplices, y ríen, y no sabemos qué se están diciendo ni por qué se carcajean; y se estampan los títulos de créditos y la película se ha terminado.

 

Escribe Thierry Jousse al final de su libro: “¿Qué quedará de John Cassavetes? Una energía vital excepcional, una forma de difuminar las fronteras entre la vida y las películas, una afirmación de existencia que excede al cine. Ningún plano merece ser filmado si no lo autentifica la fatiga, el valor, o simplemente la intensidad”.

 

Intensidad, valor, fatiga. La Trinidad de Cassavetes.

 

(Diciembre, 2017)