LONERGAN Kenneth (1962-_)

Manchester by the Sea (Manchester frente al mar) (2016: 9.0)

Manchester frente al mar nos va llenando de zozobra: su marea va, poco a poco, subiendo en nosotros y al final estamos devastados más que ahogados. Ni muertos ni sencillos, que decía (más o menos) una canción.

 

Manchester frente al mar, en su estilo y tempo, no parece una película norteamericana. Pero su director Kenneth Lonergan es de Nueva York y es el guionista de Una terapia peligrosa y Gangs of New York.

Quizás estemos ante un cine americano europeizado. La voy viendo y pienso en algún Bergman, algún Kieslowski o la portentosa Sorrow and Joy. Un sueco, un polaco, un danés. No es un chiste: es el marco donde puedo inscribir la película.

Con, acaso, el arte del gigante Dreyer, meticuloso, elíptico y calmo en la superficie, al fondo.

 

También se podría situar Manchester frente al mar, en su frialdad de tono y su personaje fracasado de la América de provincias, en una tendencia del cine “indie” americano, marca Sundance. Pienso ahora mismo en otra película notable de hace unos años, Frozen River (Courtney Hunt), para hacernos una idea.

Pero quizá sea, sobre todo, el uso milagroso de la música lo que hace que Manchester by the Sea se asemeje a un severo film europeo, incluso a uno de aquellos de los años setenta sobre dilemas existenciales, carne de cine-club, que nuestro Miguel Delibes reivindicaba en Un año de mi vida. Un cine denso, pausado y dramático, nada frívolo, ni apto para todos los públicos ni solamente para pasar el rato.

 

Esta es la historia de un hombre destrozado que, pasado el tiempo, y dentro de sus posibilidades económicas y limitaciones laborales y sentimentales, intenta hacer las cosas de la mejor manera posible. Con enorme esfuerzo. Una actitud admirable y liberadora que combate los determinismos.

 

Película estilizada y, a la postre uno diría que espiritual, Manchester bajo el mar nos lleva de la mano de este hombre (Casey Affleck), sumido en una profunda depresión, incapaz de superar una tragedia de años atrás de la que fue responsable por irresponsabilidad. Un hombre inhabilitado para conversar, relacionarse o rehacer su vida.

Y cómo no sentir compasión por este tipo, siendo imposible ponerse en su lugar.

 

La película, desde un fondo de negra y contenida desesperación, contiene momentos divertidos en su propia angustia, diálogos que me han hecho reír (por no llorar), flashbacks inquietantes como sueños recobrados, instantes patético-poéticos. Verdades demoledoras sobre la condición humana, ¿o son cosas mías?

Se sustenta en una serenidad fotográfica, un bello mar sin tormenta, una aceptación final que supera las tentativas de suicidio y se agarra a la vida.

 

Ese hombre roto ya se va atreviendo a mirar de frente y se muestra, a su manera, humano y generoso.

Ese hombre que en el barco, con su sobrino, sostiene una caña de pescar; ambos están de espaldas a nosotros, ambos frente al mar.

 

Espléndida, inesperada, lírica, rotunda película.

 

(Enero, 2018)