HITCHCOCK Alfred (1899-1980)

Young and Innocent (Inocencia y juventud) (1937: 8.5)

El joven Hitchcock ya no era tan joven, ya no era tan inocente pero aún estaba en la Gran Bretaña. Todavía no portaba el arte cinematográfico, en su pálida mano, como un guante de seda pero ya se encontraba en el camino de la más indiscutible inmortalidad.

Resabiado, cruel, con instinto inmediato para el plano expresivo y con doblez. Hitchcock. Para captar sólo lo obligatorio y que (sólo) así la historia avance, se cree misterio y el espectador no sepa qué va a pasar. Ni cómo.

Mordacidad, humor verbal y visual, como un látigo surrealista.

El falso culpable de esta película, el actor Derrick De Marney, no nos hace sufrir. Sufre el personaje, un poquito, pero el espectador se relame. En todo momento sabemos que es inocente, así que los sucesos y sospechas no nos engañan sino que nos alientan al más difícil todavía, hacia el esperado, pero nunca esperable, clímax. Muy del Hitchcock británico.

En Inocencia y juventud se trata de otra pareja en apuros, aunque lo que está en peligro es, más que su vida, su historia de amor. Hitchcock los pone en dificultades pero los sacará de ellas en el número final, alucinante por lo forzado y poco realista que resulta, de una brillantez exultante y disparatada. El músico de la última escena parece sacado de El cantor de jazz, y a duras penas resiste el asalto de unos terribles “tics” que desfiguran su pintado rostro.

Qué cruel era Hitchcock con aquellos malos que trataban, en distintas escalas y ambiciones, agitar la democracia británica, tan educada, irónica y conservadora, poblada de ciudadanos tan irritantes como conmovedores. Hitchcock, claro, sí sabía ser cruel con los culpables verdaderos. Como consecuencia de la justicia hitchockiana, el amor de la pareja protagonista obtenía carta blanca.

Un inspirado Hitchcock, el de Young and Innocent (de lo mejor de su época británica), un Hitchcock sardónico, simbólico e hiperrealista, mago del suspense (tópico totalmente cierto) y creador de “gags”, sabedor de las debilidades (recubiertas de ingenio) de unos  protagonistas (ella es Nova Pilbeam) que, ni en sus peores momentos, pierden los estribos: ambos saben (De Marney y Pilbeam) que sabemos que son buenos (y, además, lo parecen) y que su felicidad final será la de todos. La de todos: incluso 72 años después de realizada, Inocencia y juventud divierte y entretiene a lo grande; como grande fue y sigue siendo el inmortal Alfred Hitchcock.