HUGHES Howard (1905-1976)

The Outlaw (El forajido) (1943: 7.0)

Western sombrío en blanco y negro, raro, tenebroso, hasta que, de repente, aparece  Jane Russell y la cosa cambia de color.

Escote espléndido (¡en 1943!), señorita de poderío imponente que, como es lógico, pone nerviosos a Jack Buetel, Walter Huston y Thomas Mitchell. Se hacen los duros, por supuesto, muy en su papel: estamos en una del Oeste y los hombres son hombres (y cabrones), y las cabras andan nerviosas... Russell, que no es una cabra (acaso sí una cabrona), es recogida por la cámara de cerca en todo su esplendor, dando énfasis a unos buenos pechos que desafían las leyes de gravedad de los hombres, fundadas en el orgullo: el orgullo por retener un caballo, por ganar a los naipes o por ser más rápido (desenfundando) que el amigo de toda la vida o el jovencito que quiere comerse el mundo, etc.

La historia de Pat Garret y Billy el Niño tiene su miga, por algo inspiró al gran Sam Peckinpah en su lírica y memorable Pat Garret & Billy the Kid. El Garret que interpreta el fordiano Mitchell, de todas maneras, no guarda relación alguna con el de James Coburn. En El forajido, dirigida (se supone) por el magnate Howard Hughes, es un hombre débil y sin carisma, frente a la potencia desorbitada y el feroz determinismo que respira el de Peckinpah.

Western extraño, en efecto, de muchos primeros planos, miradas penetrantes e insertos; western que sorprende por el desequilibrio entre los numerosos momentos en interiores (conversaciones ambiguas, cínicas o retadoras) y los escasos exteriores (algo de desierto, unos indios que aparecen y desaparecen como una ráfaga); película del Oeste que supone un obvio avance (narrativa, sensual y dramáticamente) con respecto a las fórmulas arcaicas, cohibidas y muy rugosas que realizadores como Fraser o Bradbury habían dirigido un decenio atrás; western de catadura indecisa, cuya música puntea en muchas ocasiones unos supuestos momentos graciosos (breves “gags”) que no lo son, cuando los tres protagonistas y pistoleros masculinos (Doc, Pat y Billy) parecen continuamente amenazarse, pretenden siempre ser más chulos y listos que sus contrincantes, y que nadie ponga en duda quién es el más rápido ni quién es el más honorable o el más seductor. Mitchell (Garret), que tenía todas las de perder, termina matando a su amigo del alma; y Russell, que tenía todas las de ganar, se quedará al final con el joven superviviente, que nunca admitirá (los hay bobos) que prefiere los senos a las pistolas. Duros de pelar.