JYONG Lee (1965-_)

Dasepo Naughty Girl (Dasepo Naughty Girl) (2006: 2.0)

No lo sabía pero se me pasó por la cabeza. Y mis sospechas estaban bien fundadas ya que, en efecto, Dasepo Naughty Girl está basada en una serie de animación de Internet; una Red que, a nivel artístico, ya empieza a confirmarse como el gran “gatillazo” de la esperanza cultural del nuevo milenio.

La película está incluida en el programa de cine coreano que organiza ARCO 2007 con la Filmoteca y sus cines Doré. Qué desperdicio. Si ARCO sirve para esto, se podrían meter este majadero arte contemporáneo por sus “happenings”. Qué perdida de tiempo y de dinero y de papel. Aunque admitiré ya mismo que no llegué a ver más de cuarenta minutos, una heroicidad, por otro lado, teniendo en cuenta que la película, por decir algo, descubrió todas sus cartas en los primeros dos minutos.

(Al principio del film me acordé, poniendo mi mejor cara, de Un homme, un vrai, 2003, de los franceses Arnaud y Jean-Marie Larrieu. Pero fue un espejismo necio y colorista: no hay color)

Nefastamente para el arte y la industria, realizadores como Lee Jyong se están aupando al canon (lo que se ve y se presenta con gran dispendio) y, lo que es trágico e irritante, también a la vanguardia del arte cinematográfico. Esta película, ya sin más rodeos ni disimulos, integra en su pegajoso seno la cultura del móvil, el porno de Internet y los chats meta-comunicantes. También a las adolescentes viciosillas de minifalda de colegio y a los chicos sin una sola neurona viva. Pura superficie de recreo, este cine es como un polo de naranja, una inutilidad de pijo diseño, un desafío a la inteligencia.

Parodia de la parodia misma, así que se queda en nada. Por favor, señor Jyong, estamos en el siglo XXI, propongamos otras cosas. Pero no, estos nuevos jóvenes artistas tan “mordaces”, “críticos” y “arriesgados” (¡eso oigo decir!) se integran a la perfección en el molde de nulidad intelectual, calentura emocional de eternos 15 años y en lo que podríamos llamar ensimismamiento en las tendencias. ¡Ay, odioso Warhol, cuánto daño ha hecho, y cada día más se le encumbra! ¿Y saben por qué? Porque nada significa, es arrogante decoración sin deleite ni esfuerzo ni premio.

Sigamos. Esta tontería coreana nada a favor de todo lo más nefasto que nos lleva ocurriendo en el mundo occidental (¡occidental, sí!) en los últimos años: la desidia educativa, el arrinconamiento del pensar, la dejación en los modales (¡tanto ruido!), el desprecio de la complejidad y el vanagloriarse en reiterativas parodias “provocativas”.

Ay, y cae también en el fácil juego de maniqueísmo académico y de esquematismo inocuo el señor Lee Sang-yong en su comentario sobre el film (en el dossier sobre “cine coreano en Arco 2007”); sobre este señor leo (en la introducción), que no sólo tiene interés en el cine comercial sino también en el cine independiente. Ay, qué malentendidos, amigo Sang-yong...

No hay cine más comercial, a día de hoy, que este cine (en este caso, coreano), sobre todo para los jovencitos, ya que les acercan aún más todo el mundo electrónico, de superficies sin verbo ni conciencia, que ya ellos dominan de por sí. Apartados de la literatura y desterrados del interés por el mundo y sus relaciones, ya sólo necesitan que, encima, les vengan con propuestas revisionistas y muy “cachondas” (con “karaokes” y todo, ¡eres un adelantado a tu tiempo, compadre Jyong!) que den cobertura moral e intelectual a disparates dignos de tebeo calenturiento y vídeo-clip hortera y anuncio de colonias para muchachitas aficionadas a Scary Movie. El ARCO que no cesa.

Sin embargo, lo peor es que es gente ya crecidita (no muchachos de veinte años sino personas expertas: algunas con barba y jerséis de cuello alto, para más “inri”, y otras, alternativamente, tatuadas y con pendientes en las cejas) la que le da entusiasta cuerda a este cacao cultural de multi-pantallas-para-todo, comunicación intermitente y nadería temeraria que no parece tener vuelta atrás. O hagamos algo, Estados e individuos responsables: intervengamos.