ALFREDSON Tomas (1965-_)

Låt den rätte komma in (Déjame entrar) (2008: 7.5)

El “mood” distante, diáfano, pausado y existencialista de Déjame entrar o Let the Right One In (título inglés) me recordó el ritmo de las obras del indio Shyamalan (El sexto sentido, etc.), además con protagonismo de náufragos urbanos, fantasmas o vampiros, de la sociedad desarrollada (acaso demasiado desarrollada) y consumista. No les vemos pero ahí están, irrumpiendo de vez en cuando en el encuadre. Vale ya de tanto crecimiento perpetuo, de tantos regueros de muertos o zombis que se va dejando por el camino, ya está bien de tanto “loser” y demás parafernalia dogmática. ¡Dejémosles entrar!

Fría pero dulce, pre-adolescente pero madura, de tempo distinguido e imágenes veraces, intrigantes y, por momentos, hiperrealistas (con algún toque morboso), Déjame entrar entra en el espectador (más bien joven) con naturalidad y ternura, sorprendiendo poco a poco, desconcertando sin apenas jugar sucio. No es un film de terror pero hay vampiros y “gore”; no es para adolescentes pero está protagonizada por chicos de doce años; es europea pero triunfa en España y en EEUU; es de la civilizada y perfecta Suecia pero enseña una galería de personajes (la película está ambientada en los años ochenta) patéticos e ingobernables, infelices y abandonados a su triste seriedad y a raptos de furia y desahogo.

Y están los adolescentes viciosos, sádicos, vengativos (quizá el aspecto dramático más flojo y sospechoso de “comercial” en este film). Cierto cine lleva ya años representándolos así: desaprensivos, calculadores, crueles, perdidos. Me inundan a bote pronto Mystic River de Eastwood o la alemana Morsholz; lo ha hecho Larry Clark (en Bully, etc.) o J. Polson (Swimfan). Es una veta, además, que desde los setenta ha venido explotando el cine de terror, dando cuenta de la frialdad horrorosa de nenes que no están centrados en los estudios (o lo están en exceso). Decenios antes Golding los puso en una isla y nos dejó una moraleja universal, ganándose el fervor de los suecos del Nobel. Chicho Ibáñez Serrador, antes del 1,2,3, los colocó en otra isla y le quitó el mensaje moral. Cine de terror de los USA (Los chicos del maíz, etc.) ha jugado al juego más peligroso. Incluso se les vio en su día como reencarnaciones de Hitler en Los chicos del Brasil (y hasta, antes, en un sentido metafórico, en El pueblo de los malditos): tan rubios, gélidos y perfectos. Tan dispuestos a hacer el mal porque sí.

Déjame entrar, conste, huye del terror de sobresalto y carnicería y se refugia en un intismismo bello y estático que no conmueve (no me conmueve, en fin) precisamente por la “aloofness” o indiferencia con que Alfredson ordena sus piezas en imágenes. Historia de amor y retrato sociológico, o cuento de vampiros, pordioseros y niños marginales, Låt den rätte komma in es una sorpresa en la cartelera de 2009 dulcemente elegante, y por momentos cruda; así que no deberíamos hacerlos los suecos, ya que no todo el monte es Bergman.

Tres hurras por este cine europeo ajeno a efectismos y demagogias (pese a algún bajón evitable) y que, además, no contiene a ningún Will Smith leyéndonos la cartilla como si fuéramos tontos o como si todos creyéramos (como él, y al contrario que Punset) que el alma no está en el cerebro.