KAWASE Naomi (1969-_)

Mogari no mori (El bosque del luto) (2007: 3.0)

Hay que estar completamente relajado y de buen humor: yo no lo estaba. Tenía cosas en qué pensar y no logré desconectar del mundanal ruido.

Había visto poco antes una película que, pese a todo lo que se le pueda echar en cara (estrategias deseleales para afectar al espectador), me había conmocionado: La escafandra y la mariposa: otro tipo de cine contemporáneo.

Es, además, verano: y en verano suelo bajar el listón de mis compromisos (¡pretencioso!) cinéfilos, ya que el ambiente fisio y psicológico invita más bien a la ligereza o la frivolidad, la acción o el humor, al terror, la sensualidad o las persecuciones. Pero, valiente de mí, acudí al cine Doré atraído por las buenas críticas cosechadas por El bosque del luto en publicaciones de prestigio y “cartografía”.

A los cuatro o cinco minutos ya supe que aquello no funcionaba: pero aún no estoy persuadido de si era la película o era yo el que no funcionaba.

Admito que sólo vi 50 minutos: me cansé y salí de la sala, y a otra cosa, mariposa.

¿Qué decir de esos 50 minutos? Me acuerdo de esta línea de diálogo: “Machiko, ¿no te gusta la calabaza?”. En cierta forma, resume para mí esta película.

Una ausencia total, hasta donde yo llego, de cualquier atisbo de relevancia, distinción, humor, subversión, intensidad, profundidad. Quizás los restantes 50 minutos fueron distintos. O, a lo mejor, es que no estoy preparado para películas como Mogari no mori.

Alguien voló sobre el nido del cuco sin cucos; La balada de Narayama sin balada; La montaña mágica sin magia; Murakami sin gracia ni espontaneidad; hasta Deliverance sin violencia ni amenaza. Qué sé yo, qué decir: tampoco entiendo a Tàpies ni me logró tocar Lobo Antunes, ni me cautiva Philip Glass, ni me llega Hsiao-Hsien. Son mis límites.

Apunta, en Cahiers du cinéma España (julio-agosto de 2009, entrevista de M. Vidal Estévez), el director griego Theo Angelopoulos:

 

…el cine de autor está en crisis. Muchos cineastas parece que han optado por hacer películas provocadoras. Se diría que la violencia y todas las particularidades del sexo parecen haber suplantado a la preocupación por el cine.

 

De acuerdo, Theo. Pero la propia ausencia de provocación, de violencia o sexo tampoco es patente de corso que justifique necesariamente la existencia de eternidades que duran un día o de plomizas miradas de Ulises.

Porque tú me has dado calabazas, Naomi.