KORDA Zoltan (1895-1961)

Sahara (Sáhara) (1943: 7.5)

Cine que destaca por su inmediatez formal, moral y física, porque sabemos quién es quién. Un cine que logra esbozar y tratar una original y sorprendente (en su desenlace) trama bélica durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, cuando los EEUU entran en escena y varios de sus batallones de soldados andan por África luchando contra los nazis con la alianza de los británicos y algún que otro colaborador francés, africano e, incluso, italiano arrepentido. No así ningún alemán: invariablemente representados en el cine como gélidas máquinas de matar; y seguramente fueran así, pero cuesta trabajo no imaginar más matices (no wagnerianos).

Bogart en su salsa, comandando un grupo de soldados dispuestos a morir por la causa en la que están inmersos, sabiéndose (y no siempre es tan sencillo) los buenos de la película, aquellos a los que la Historia (¿la Historia del Cine?) juzgará con benevolencia y admiración. Bogart arrojado, duro pero con principios, en una cinta sobre la férrea resistencia en los momentos cruciales, sobre la valentía y el sacrificio, cuando uno sabe que la Patriaestá en peligro y merece la pena perder una pierna, un ojo u, ¡ojo!, la misma vida. Nada menos fácil.

Sahara era y es cine masculino y de infantería que tomaba partido durante la contienda, con un propósito de divertir y ofrecer dosis de batalla, acción y heroísmo, al mismo tiempo supliendo sus carencias dramáticas (personajes planos, discursos camuflados entre el “small talk”, soluciones de guión forzadas, etc.) con arreglo a los perfiles firmemente partidistas y didácticos de la pieza kordiana. Insuflar ánimos, meter cizaña contra los alemanes, idealizar a un puñado de hombres, los simpáticos estadounidenses y los distinguidos británicos (¡y un irlandés!), que no dudaban en arriesgarlo todo, incluso a riesgo de no conseguir nada. Pero el final es bastante feliz. Sobrevive Bogart y un par de ellos más: es más que suficiente, es un notable. Homenaje a los caídos en combate: suya fue la victoria.

Korda, director de sugerentes títulos como Tempestad sobre el Nilo, Pasión en la selva, Las cuatro plumas y Revuelta en la India, disfrutaba con las aventuras anglosajonas en escenarios exóticos. Korda materializaba estas historias en pantalla sin maestría pero con enorme eficacia, sabiéndose de la “A” a la “Z” el manual de cómo conquistar los corazones de su previsible público, conociendo su medio (el cinematográfico, el mítico) como la palma de la mano y siendo consciente de que un héroe carismático (como Bogart) no necesitaba ser rodeado ni de nadie (otros hombres con fuerte personalidad) ni de nada (estilizaciones, estrategias fílmicas virtuosas, “mirada” personal...) que pudieran hacerle sombra. Él solito se valía para cumplir con los nobles y espectaculares objetivos propuestos; y es que Bogart hacía camino al andar y, con suerte, tipos inteligentes como Korda se lo consentían, allanándole el terreno, incluso las dunas.

(Como en la fordiana Tres padrinos, qué sed he sentido: aquí viendo a los soldados en el desierto, locos por llevarse a los labios unas míseras gotas de agua, un agua que es nuestro humano sustento más crucial, sin la cual no somos ni seremos nada)