KOSTER Henry (1905-1988)

The Inspector General (El inspector general) (1949: 2.0)

Primer minuto de película. Un jinete irrumpe en lo que parece un fuerte militar. Un soldado intenta detener su paso. No lo consigue y pega un disparo al aire, se supone que de alerta. Cae un pájaro del cielo, alcanzado, claro, por el disparo. Qué rápido se ha descubierto el tomate: ¡Esta película será una gansada!

Y el camarada Gogol, revolviéndose en su nicho.

¿Parodia rusa o soviética? ¿Love and War? ¿Y Koster... Woody Allen?

¡Una cabeza en un plato!

¿Terror? ¿Horror? No, peor aún: Danny Kaye. El ganso supremo.

El Ben Stiller o el Martin Short de aquellos tiempos. O el Gene Wilder de hace veinte años. Hoy día Kaye protagonizaría Austin Powers. Un genio del humor, vamos.

Ya se huele: bonachón Koster. Harvey, The Robe, The Bishop’s Wife. Se diría que, si se le hiciera un electrocardiograma, nos saldría, en pantalla, el perfil de un conservador cristiano y bondadoso, bastante simple. Algo así.

Musical mameluco. Interrumpe la narración para intentar que la gente se ría. Noble tarea. ¿La intención es lo que cuenta?

¡No! En este caso, no. O, más bien, no, claro que no, en ningún caso.

Kaye: como si fuera un miembro fofo de los Monty Python, en una industria, un país y un tiempo que sólo permitían una irreverencia blanca como la leche, o sea, reverente ante todo poder terrenal y celestial, si me apuran.

¿Más como Mary Poppins, como aquel Dick Van Dyke? Más caliente, pero sin aquella frescura ni emoción ni empeño. Cine para aquellos niños.

Kaye y Walter Slezak, protagonistas, eran embaucadores, vendedores de un elixir mágico que, en realidad, es abrillantador. Oh, Hollywood.

Lo que tuvo que aguantar la hermosa Elsa Lanchester, en tan necia compañía.

Nuestro Antonio Ozores, en sus peores tartamudeos, le da mil vueltas al gesticulante Kaye.

Época y épica napoleónica. ¿Love and War? ¡No, Koster no es Woody Allen! ¡No!

¿Como Hulot? ¡Tampoco! ¡No! ¡Por Dios, qué dislate!

¿Charlot? ¡Menos aún! ¡No! ¡Qué disparate!

¡Y a Buster Keaton ni lo menciones, botarate!

¿Pero en qué estaré pensando? Pero, ¿por qué estoy pensando?

¿Por qué será tan fácil escribir sobre películas malas?

Mas continúo: ¿Peter Sellers en El guateque? Algo de eso hay: desastre tras desastre en el banquete. Alrededor de Kaye-Carpanta irrumpe el caos, vuelan tenedores, se derraman bebidas, se azoran y ríen las señoras.

Ridiculez total: eso pienso o, más bien, veo tras una hora de película.

El inspector general, ¿inspecciona a los generales? ¿O generalmente inspecciona?

Lo juro: éste es el tipo de humor hablado que estoy oyendo.

Kaye: ¿cómo el Donald O’Connor de Cantando bajo la lluvia? Ya le gustaría atesorar esa flexible gracia, esa elasticidad con el verbo.

Qué horror. Minuto 64 de película. El árbitro, que soy yo, se incomoda: Kaye canta de nuevo. Para film “cantoso”, éste. Me rindo. Se suspende el partido por lluvia de majaderías a domicilio.