LA CAVA Gregory (1892-1952)

My Man Godfrey (Al servicio de las damas) (1936: 8.5)

William Powell es el “forgotten man” u “hombre olvidado”, al que rescatan para estar al servicio de las damas. Él es el vagabundo que entra en la vida de la familia Bullock a raíz de un inusitado juego aristocrático, “Scavenger Hunt”: una búsqueda del tesoro cuyo objetivo, en vez de encontrar algo valioso que todos quieran, es capturar una presa que nadie echará en falta, un ente de las afueras de la civilización norteamericana.

Las damas son Carole Lombard y Gail Patrick, las hermanas Bullock, anestesiadas en un ambiente ricachón y frívolo que inhibe la visión del mundo real (¡eso sí que era Matrix!): la pobreza, la desigualdad, la injusticia.

Pero también este hombre, Godfrey (Powell), está al servicio de los hombres; o que se le pregunten al padre de la familia, un divertidísimo Eugene Pallete capaz de las respuestas más ácidas y a contracorriente.

Es un servicio digno del mejor mayordomo: Godfrey arregla una familia, a la que invita a tomar conciencia de lo que es y de lo que podría ser (al contrario que el Lubitsch de aquellos tiempos, como el despiadado de Un ladrón en mi alcoba). Godfrey es, al mismo tiempo, Mary Poppins y el Bing Crosby de McCarey en Siguiendo mi camino. Y es como un personaje de Capra, de pronto empujado del anonimato y dispuesto a vender cara su derrota social y, sobre todo, humana. Y es que son innegables los tintes sociales, de crueles diferencias de clase, que propone La Cava, algo que haría también en La muchacha de la 5ª avenida, allí con un ángel femenino.

Y está la muy atractiva cuestión del encuentro entre dos mundos, no sólo sociales sino desde una dimensión afectiva y cultural. Son años de estas películas: Wellman realizaba A Star Is Born y Nothing Sacred, con los campos del periodismo, el desinterés, el famoseo y la generosidad investigados y puestos en entredicho. En este sentido, curiosa conexión, a mí este cine me recuerda, como planteamiento, la literatura que cuarenta años después propondría David Lodge (Small World, Changing Places, Nice Work): de cruces, roces y contactos entre dos extremos, entre dos personajes divergentes que no coincidirían ni para tomar café.

Brillante acierto del distinguido La Cava: cómo construye una historia sencilla y dulce pero al mismo tiempo tensa e inequívocamente satírica alrededor de la alta suciedad imperante en la alta sociedad. Pues podemos cambiar el mundo (el inmediato, el cercano: el conflictivo de verdad) si nos proponemos hacerlo: basta encender la mecha, tirar del hilo, amagar y sí dar, atreverse a dar el primer paso... Y otras metáforas menos elegantes.

Quién le habría dicho a La Cava que hoy sería un “forgotten man”...