ALLEN Woody (1935-_)

Scoop (Scoop) (2006: 9.0)

Termina Scoop y termino yo con una bonita sonrisa en mi cara: qué falta de modestia, tanto como bonita... Allen ayuda a vivir mejor, así de simple ha de enunciarse esta verdad; hace más soportable el sufrimiento (quién no sufre) y alegra la larga espera de la muerte, o es la rutina de lunes a viernes. La vida como sala de espera, en la que un humorista agudo y vital nos anima a no perder, justo, la esperanza, ni la compostura, que es lo que perdemos cuando nos llama la enfermera y nos enfrentamos al último médico, Godot, la muerte; pero anda que no merece la pena la espera, que es la vida...

Scoop, exclusiva o primicia (así se traduce), no es un producto novedoso pero sabe, o me sabe, a alegría de vivir y a cierto grado de resignación ante la tontería y la soledad; y huelo flores frescas y distingo un agradable perfume que atesora el encanto de lo que nunca cansa, de lo que se espera cada año como el verano, el cumpleaños o la Navidad. Eso es Allen, un clásico anual, un regalo, unas cortas pero sabrosas vacaciones.

Scoop enlaza con la condición británica de la película previa, la espléndida Match Point (clases altas, crimen y dudoso castigo, y el bombón Scarlet Johansson), y con la magnífica La maldición del escorpión de Jade (toques de comedia, magia y lo sobrenatural, humor directo, puyas allenianas de siempre y un decente sentido de la justicia: tomemos las cosas como vienen, hombre...). No son malos enlaces, ni mucho menos.

Allen, en este film que retrata las miserias del periodismo predominante (el amarillo, o rosa, o es negro), termina muerto en su viaje a ninguna parte, guiado él y los demás muertos-vivos en la barca por la tenebrosa dama de la guadaña. Y finaliza como empieza, gloriosamente, haciendo sus trucos de magia, contando chistes, comportándose como un cortés sinvergüenza y entreteniendo las horas tristes de su civilizado público (y esto es un resumen de Allen, en su conjunto, sobre todo del último y más sosegado y locuelo Allen). 

Scoop es otra espléndida película de Allen: clásica en su equilibrio, ligera, entrañable, maniática, chistosa con los ingleses; Scoop está más allá de las críticas puntuales paternalistas (de los críticos de tebeo y afines) y los tuertos premiadores que no le dan premios porque no se merecen este cine. A mí me ayuda, Scoop, a ser más libre: en actitud, independientemente de las aptitudes. Una actitud risueña, combativa (es decir, no parada), pero relajada en su ansiedad; adjetivos contradictorios y acaso severos pero que se adaptan como anillo al dedo a esta penúltima película, otra maravilla, del gran y sin par Woody Allen.