LANG Fritz (1890-1976)

Ministry of Fear (El ministerio del miedo) (1944: 9.0)

El ministerio del miedo es una de las joyas inconmensurables del Fritz Lang que rodó en inglés. Basada en una narración de Graham Greene (siempre tan golosos, sus libros), y protagonizada por el elegante Ray Milland y la encantadora Marjorie Reynolds, Ministry of Fear se incardina a varias corrientes.

Una es el cine de paranoias, infiltrados, traiciones, sospechas y conspiraciones, tan  habitual en los años cuarenta en los EEUU y Gran Bretaña, aún durante la Segunda Guerra Mundial o inmediatamente posterior. Cine alimentado de miedos nazis o comunistas, que, según estas películas, harían temblar a las democracias libres de los países anglosajones. Me acuerdo de filmes como Sangre sobre el sol (1945, Lloyd), La gran amenaza (1948, G. Douglas), Ultimátum (1950, J. Boulting) o Manos peligrosas (1953, Fuller).

Otra corriente sería el cine más psicólogico que combinaba el “film noir” con el misterio y la atmósfera de pesadilla en torno a un hombre atrapado, en obras de Preminger como ¿Ángel o diablo? (1945) o Vorágine (1949), de Ulmer (Detour, 1945), Tourneur (Retorno al pasado, 1947), Ophuls (Caught, 1949), Joseph H. Lewis (Relato criminal, 1949), Maté (Muerto al llegar, 1950), etcétera.

Y lo cierto es que, sin salirnos de los EEUU ni del propio año 1944, cuando se estrena Ministry of Fear, parecía haber una especialización en obras inquietantes y enigmáticas, oníricas y paranoicas. De ese año son Luz que agoniza (Cukor), Aguas turbias (de Toth), Laura (Preminger) o La mujer del cuadro (también de Lang). ¡No es mal año!

(Añadamos, en todo caso, que también de 1944 son películas estupendas como Las llaves del reino de John M. Stahl, o Siguiendo mi camino de L. McCarey, con lo que parece que se confirmaría otra tendencia de aquel momento: más “buenista”, relajada, laboriosa y cristiana)

Y, en fin, señalemos que Ministry of Fear pertenece, sobre todo, a la tendencia personal y casi intransferible perseguida por su director, el nada lánguido cine “languiano”; el cine del hombre que se complica la vida a sí mismo, el hombre que pierde la cabeza por una mujer poco recomendable, el hombre más o menos triunfador o convencional que se ve de pronto desesperado y abocado a una espiral de malentendidos, sufrimiento y horror. Pensemos en M (1936), Fury (1936), La mujer del cuadro (1944), Perversidad (1945), The Blue Gardenia (1953) o Deseos humanos (1954).

Lang, en El ministerio del miedo, ensayaba a materializar los horrores propios (personales) y ajenos (colectivos), mientras aún se libraba la Segunda Guerra Mundial y la sospecha de que espías alemanes estuviesen escondidos y colocados en lugares influyentes de la sociedad británica era (aunque seguramente una exageración irreal) un hecho. Lang, en su intenso cine, iba al grano de inmediato, con una precisión y una deriva fascinantes; y sólo un epílogo impropio y torpemente feliz (es muy posible que impuesto por la productora) era capaz de enturbiar mínimamente lo que era una propuesta atractiva, irresistible, perfecta, que sigue atrapando al espectador desde el primer segundo y que no lo suelta hasta el final; un cine que mostraba el miedo de un hombre que, como tantos de Hitchcock, se veía envuelto en un tinglado de grandes dimensiones sin haberlo buscado, un hombre con mala suerte, al que muchos tomaban por loco y que resultaba ser el más cuerdo, el héroe que arreglaba el entuerto, el señor Ray Milland, que además se ligaba a la señorita Marjorie Reynolds. La pareja del elegante y la encantadora triunfaba, eventualmente, por encima de las circunstancias, los complots y los hermanos aviesos, pongamos que Carl Esmond.