LANG Fritz (1890-1976)

Cloak and Dagger (Cloak and Dagger) (1946: 7.0)

Según el crítico Carlos Losilla en su atractivo (aunque demasiado solemne y acaso ultra-ambicioso) libro El sitio de Viena, “…las películas americanas de Lang tratan invariablemente de un mundo falso en el que la existencia humana se ha convertido en una pesadilla de la que resulta muy difícil despertar”.

Bombas atómicas, qué peligro. El mismísimo Ed Wood puso el dedo en esta llega.

Cloak and Dagger es una obra algo mecánica. Se me hizo larga en su intriga internacional con Gary Cooper de científico cuerdo y patriota. La joven y sensual Lilli Palmer se enamora de él, claro; esta jefa de la resistencia anti-nazi en Italia se expresa, al principio, de manera sarcástica, pero el equilibrio transparente de Cooper derribará ese obstáculo y a ella se le caerá la baba por él.

Irregular, en varios ratos, tensa como un “thriller” pero relajada en otros momentos, lo cierto es que, sorprendentemente, Cloak and Dagger me recordó en algunos instantes a Once Upon a Honeymoon, otra rara pieza anti-nazi. ¿Lang y McCarey? Ya, resulta extraño, pero este tipo de enlaces inventados a posteriori son de lo más llevaderos y, por qué no, sugestivos y la mar de culturales… Casi apetece ser cínico ante un film de Lang.

La película constituye, de todas formas, la obra de un Lang menor: la trama de un hombre en conflicto, perseguidor o perseguido, pero sin muchos matices.

Las mujeres nazis son peligrosas y, sí, de armas tomar.

Lang también fue un hombre atrapado, caballero clandestino.

Estética y narrativamente hay cierta ridigez en el conjunto, pese al suspense, y tal rigidez asumo que pedía a gritos una revisión paródica, que obtuvo en 1984 con Top Secret, los nazis reconvertidos en recios comunistas de la Alemania llamada Democrática. Y Gary Cooper en Val Kilmer, ¡mayor parodia es inviable!

Clandestino y caballero, no confundir con Oficial y caballero (otra parodia, pero de sí misma, con el palo Richard Gere), es un film que va al grano pero que, curiosamente, contiene varios agujeros negros, lugares comunes y escenas melodramáticas algo traídas por los pelos. Las escenas de acción tampoco resultan excesivamente brillantes, conste, pero el artilugio langiano no pierde nunca interés, ofrece un final bastante feliz y rechaza los pesados determinismos que parecían invencibles.

Y es que, en ese final, yo habría esperado (de un Lang realmente furioso frente a un mundo de pesadilla, falso y traicionero) un disparo en la espalda de Lilli Palmer cuando el avión de Gary Cooper ya estaba en los cielos.