LANG Fritz (1890-1976)

Clash by Night (Encuentro en la noche) (1952: 9.0)

El Lang posterior a sus películas anti-nazis reduce el alcance de sus intereses, y de las intrigas internacionales pasa a centrarse en los conteburnios personales y dramáticos. A Lang le obsesiona la canalización de los deseos humanos. La bestia humana que determina a algunos seres a no ser, en fin, otra cosa que lo que son. Pueden disimular un tiempo, pueden intentar convencerse de que han cambiado, de que son “otros”, pero la aceptación de que el universo de los deseos no se doma con facilidad provoca, por el camino, sufrimientos propios y ajenos y tragedias incluso.

En Clash by Night no llega a haber tragedia (es decir, muerte) porque el personaje que interpreta Paul Douglas termina controlando su ira (sus deseos humanos) y no estrangula a Robert Ryan, que era lo que pedía el momento. Es capaz, con la intervención oportuna de Barbara Stanwyck, de serenarse y calmar a la bestia que está en el interior de todos (unos la tenemos, por suerte, más reprimida que otros).

Douglas, Ryan y Stanwyck forman el magnífico triángulo que compone Lang en Encuentro en la noche, tímido título español. Además, Keith Andes y una encantadora Marilyn Monroe añaden sal y pimienta a un reparto, en conjunto, asombroso.

Lang, sin llegar a las cumbres de tortura, irrealidad y suspense de Perversidad o La mujer del cuadro, sí hace gravitar la trama en torno a dos hombres atrapados por la misma mujer “fatal”. Acaso sea ella, a la postre, la más atrapada (determinada) de los tres, pero lo disimula mejor y, en todo caso, actúa de forma más práctica, sabiéndose poseedora de la sartén, bien sostenida por su llameante mango. Hay que renunciar a cosas en la vida: la satisfacción momentánea no es la felicidad pero tampoco la estabilidad a largo plazo conlleva necesariamente una vida plena y emocionante. Esta realidad o certeza (acaso hecha certeza, es decir, realidad “aplastante” por el propio Lang) se impone sobre los personajes, seguramente estereotípicos pero, en todo caso, fantásticamente dibujados.

Clash by Night recuerda a melodramas basados en obras de T. Williams, sobre todo Un tranvía llamado deseo, dirigida por Kazan un año antes: fantaseo cómo habría sido ese choque de trenes bajo la batuta de Fritz.

Pero, por otro lado, esta obra de Lang está, sin duda, en deuda con el neorrealismo, en su carácter (sobre todo al inicio) documental y generoso con la frescura de las imágenes y la falta de impostura. Claro que la mayor influencia que veo en Clash by Night es la del primer Visconti, tanto el de La terra trema (documento realista con pescadores) como el de Obesesión, la tórrida pieza sobre el cartero que llamaba dos veces y sobre los deseos, que derrotaban a las convenciones sin llamar a la puerta.

Para Barbara Stanwyck parece que el cartero ya no llamará una tercera vez: decide, de ambos paradigmas (satisfacción sexual/ estabilidad moral), decantarse por el segundo, renunciando a una parte de ella misma pero quedándose más tranquila, pensando en el futuro de ella y de su hija. A la larga (viene a decir Lang, tan lúcido y oscuro), toda vida es así.

Qué actores.

Douglas está perfecto como hombre bueno, ingenuo y sin doblez (como el Malden de Elia Kazan). Casi parece un monstruo de Frankenstein o un conmovedor personaje de Ed Wood, un Tor Johnson que quiere que le abracen.

Ryan, extraordinario, frágil pero durísimo en películas que son debilidad mía tales como Caught (Ophüls), On Dangerous Ground (Ray), La pequeña tierra de Dios (A. Mann) y Odds Against Tomorrow (Wise), compone a un perdedor a la deriva, atormentado por las mujeres y que cree haber tomado su último tren gracias a Stanwyck.

Stanwyck, para terminar, está grandiosa: todo lo que dice, todo lo que hace en Clash by Night es de actriz superlativa e imbatible en su terreno. Pocas veces habrá estado mejor: ella o cualquier otra.

Encuentro en la noche: Lang ofreciendo, una vez más (como en La gardenia azul, como en Cloack and Dagger, etc.), una postrera oportunidad a sus amantes protagonistas: pero sin falso optimismo ni caretas ni pájaros cantando. La vida como perpetuo “clash” de intereses y deseos: y “clash” significa desacuerdo, choque, conflicto.

Por no decir:

enfrentamiento y

estruendo y

fragor.