LAZAGA Pedro (1918-1979)

La patrulla (La patrulla) (1954: 7.0)

Inciso 1: Oigo esto (y me apetece anotarlo) en La patrulla: una noticia radiofónica en la que se informa (ya pasada nuestra guerra civil) sobre “la guerra con Rusia” (mis “negritas”):

 

...Subrayamos el enorme desinterés con el que España se alista en esta empresa, llevada tan sólo por el ánimo de seguir combatiendo al comunismo donde quiera que se encuentre. Con igual entusiasmo, con el mismo espíritu de sacrificio con que acudió a todas las grandes gestas de la historia del mundo, en defensa de la cultura y la civilización cristianas...

 

Habiendo asistido al periplo (o, en lenguaje político y periodístico, “legislatura”) entre 2004 y 2008, en España, se diría que poco han evolucionado algunos pensamientos y temores  después de más de sesenta años. Donde se decía entonces “comunismo” ahora podría escribirse “socialdemocracia”, pero el resto casi sería igual. Al parecer, según la derecha sociológica y mediática de nuestro país, tales cultura y civilización cristianas, bastiones primordiales de la grandeza y miseria de este país (según se escucha), están en peligro de muerte en nuestra querida España y nuestra menos querida (y menos “nuestra”) Europa.

Inciso 2: Si descontamos la del héroe españolísimo Conrado San Martín (a quien no trago), son valiosas y eficaces las interpretaciones que se ven en La patrulla. José María Rodero, Marisa de Leza (21 preciosos años), Julio Peña, Vicente Parra, Elvira Quintillá y un jovencito Arturo Fernández cumplen funcional y sentidamente con el cometido que les asignó Lazaga, que no les anduvo a la zaga: también realiza una labor de dirección impecable, ayudado en su labor por la fotografía de Manuel Berenguer y apoyado en el (inventivo pero bastante implausible) guión de Rafael García Serrano y José María Sánchez Silva. ¡Viva España!

Inciso 3: Un respeto: Pedro Lazaga es el firmante como director de un portentoso, cuantitativamente, corpus de películas (incluso realizó cuatro o cinco en un mismo año). La patrulla fue su cuarto largometraje. Tras el cual cabe destacar un buen número de comedias de enorme éxito y resonancia social (acaso en nivel de calidad decreciente), por ejemplo: Luna de verano, Los tramposos, La ciudad no es para mí, Sor Citroen, El turismo es un gran invento, Vente a Alemania, Pepe, Vente a ligar al Oeste o Estoy hecho un chaval.

Post-Incisos: Oscura, tenebrosa; menos paleta, simple y propagandística de lo que podría pensarse, así es La patrulla. Amarga, aroma de paso del tiempo y de quiebra de las ilusiones, válida muestra de cine menos franquista que otros (compárese, por ejemplo, con la interesante ¡A mí la legión!, de Orduña, o con el poso que dejan filmes de esos años de Sáenz de Heredia o Rafael J. Salvia). Un cine más complejo, realista y que añade claroscuros a los habituales vítores en favor de la cruzada cristiana, beata y semi-fascista frente al comunismo, Rusia, los “rojos” y el laicismo. La muerte, el olvido, la pérdida, el ocaso de los ideales y la aclimatación interesada a los nuevos tiempos (casi parecen términos de una novela de Rafael Chirbes) son elementos morales que se respiran en La patrulla. Cierto que la pedagogía franquista está presente, pero era seguramente inevitable (véase, en otro género, Luna de verano, que también contiene sus momentos de crítica “light”) y no nos debería hacer olvidar los méritos de Lazaga y su equipo, tanto rodando parcelas más sociales, familiares e intimistas en el Madrid de posguerra como adentrándose en el terreno de la acción bélica y las aventuras en el terrible y nevado Frente Ruso o en el campo de prisioneros alemán. Bravo por Lazaga y, por qué no, ¡vivan las Españas!