LUBITSCH Ernst (1892-1947)

Trouble in Paradise (Un ladrón en la alcoba) (1932: 8.0)

Herbert Marshall, Miriam Hopkins y Kay Francis se miran y se entienden. Es decir, adivinan lo que los otros quieren porque saben lo que ellos mismos ambicionan. El deseo es mucho más que las necesidades a corto plazo: sus palabras y expresividad van encaminadas a salvar las situaciones, ilusionar a los demás y dejar que pase el rato; hasta que llegue el mejor momento y postor que satisfagan sus deseos, plenamente humanos.

Así estos individuos planean, manipulan, buscan la complicidad o el falso amor y los equívocos, con la intención (nada ingenua) de ganarse a sus rivales, amantes o ladrones y conseguir sus objetivos: el dinero o el amor o ambos. Indicios, en suma, de satisfacción.

Claro que no se puede tener todo en esta vida (en la otra, Dios dirá, o más bien no), y todos hemos de conformarnos con una parte (bien migajas o una gran porción), pero nunca el pastel entero. Pues esa felicidad y ese placer absolutos son burlados por el mago Lubitsch en cada situación o simple plano. Ni hay absolutos ni puede haberlos, o serían un tostón.

Comedia inscrita en los supuestamente felices años treinta en la que Lubitsch enseñaba sus garras cubiertas de finos guantes de carterista de las emociones, pero qué emociones. Ni somos de fiar, ni hay sentimientos puros, ni las elecciones son eternas ni los sueños, sueños son: son trozos de realidad por vivir o no vivida y se cumplen siempre de forma parcial tan sólo.

Relativista aristócrata, frívolo estudioso del género y la clase (sociales), fino estilista del diálogo simétrico, las situaciones reiterativas y la musicalidad de movimientos y rituales (sociales), Lubitsch engalanaba sus obras con gentes nobles ensimismadas e insultantes. Mientras, a su alrededor, pululaban personas sencillas cuyos objetivos no eran servir a los señores, sino que ese servicio (para ellos y para todos) era, también, únicamente un medio de alcanzar los fines: enriquecerse o salir de pobres.

Y estas cosas se ven y oyen en Trouble in Paradise o Un ladrón en la alcoba: convenciones, gestiones, seducciones y representaciones que buscan, comparan y si encuentran algo mejor, se lo llevan. Palabras, ademanes y gestos son maneras de entretener y de entretenerse, humorismos o farsas para preparar un gran golpe. Nadie está en lo que parece estar: quién no medra, instiga, sonríe sin ganas, exagera o balbucea sin hacerlo de forma sincera o natural: flirtear y coquetear en el inmediato presente para que el futuro sea menos incierto. Sólo un poco menos incierto, cierto es, pues no hay infierno ni paraíso, y los ladrones disfrutaban en el terrenal mundo, de las suaves, sardónicas y distinguidas alcobas de Lubitsch.