LUBITSCH Ernst (1892-1947)

That Uncertain Feeling (Lo que piensan las mujeres) (1941: 8.0)

Merle Oberon, Melvyn Douglas y Burgess Meredith se miran y se entienden. Es decir, adivinan lo que los otros quieren porque saben lo que ellos mismos ambicionan. El deseo es mucho más que las necesidades a corto plazo: sus palabras y expresividad van encaminadas a salvar las situaciones, ilusionar a los demás y dejar que pase el rato; hasta que llegue el mejor momento y postor que satisfagan sus deseos, plenamente humanos.

Así estos individuos planean, manipulan, buscan la complicidad o el falso amor y los equívocos, con la intención (nada ingenua) de ganarse a sus rivales, amantes o ladrones y conseguir sus objetivos: el dinero o el amor o ambos. Indicios, en suma, de satisfacción.

Claro que no se puede tener todo en esta vida (en la otra, Dios dirá, o más bien no), y todos hemos de conformarnos con una parte (bien migajas o una gran porción), pero nunca el pastel entero. Pues esa felicidad y ese placer absolutos son burlados por el mago Lubitsch en cada situación o simple plano. Ni hay absolutos ni puede haberlos, o serían un tostón.

¡Mil perdones! Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. He repetido (he “copiado y pegado”), en esta pieza sobre Lo que piensan las mujeres los tres primeros párrafos que escribí a propósito de Un ladrón en la alcoba (ver). Me parecen relevantes: son señas de identidad del cine de Lubitsch, tanto en 1932 como en 1941. Son actitudes y aptitudes, una manera de ver el mundo.

Lubitsch se ríe de intelectuales y artistas, de las mujeres ingratas, los hombres de negocios obnubilados, las amistades peligrosas, de los húngaros y los psicoanalistas. Se ríe porque no hay que exagerar: siempre es preferible un punto medio (una tercera vía), un “toque Lubitsch” entre puertas que se abren y cierran a derecha e izquierda, antes que la radicalidad o los absolutos del Arte o el Amor o los Negocios. He recordado un viejo “sketch” de Martes y Trece en el que Millán (me parece) imitaba al escritor y estrella televisiva (aún ahora) Fernando Sánchez Dragó, mofándose de sus ínfulas. Decía algo así: “Yo que he sido comunista, corporativista, anarquista, capitalista, arribista, bilardista, maoísta, revisionista, creacionista, chapista...” Le interrumpía su interlocutor (supongo que Josema), con algo así: “¿Y juerguista, no has sido nunca juerguista?” Y parecía que no, que era la única “-ista” que había evitado el falso Dragó. Opino que este cine de Lubitsch está en esa línea descreída aunque sutilmente conservadora, percibo. Que consiste en echar balones fuera, admitir que la Tierra es redonda pero que no merece la pena ir más allá y nada nuevo hay bajo el sol: el desinterés no existe.

Cine de deseos y equívocos. Equivocados deseos. Deseados equívocos.