MALLE Louis (1932-1995)

Zazie dans le metro (Zazie en el metro) (1960: 4.0)

Zazie en el metro es, por un lado, la película más “nouvelle vague”. Pero sólo por un lado.

Zazie dans le metro es una obra festiva, feliz, despreocupada.

Humor, cámara rápida, cómic. La insolencia, el

Afán renovador y relativista, la modernidad, la

Ligereza, la frivolidad, la frescura de la

Nouvelle Vague en su vertiente más:

Fresca, frívola, ligera, etc.

1.      El Pop, la caricatura, la hipérbole, metodología de tebeo.

2.     La jovencita, la “lolita”, la actriz Catherine Demongeot, que...

3.     ...hace preguntas impertinentes, malsonantes, inconvenientes, inesperadas.

Malle juega con la imagen, el plano, los tiempos, la composición, el “fast-forward”, los colores, los sonidos.

Divertir, sorprender, amoldarse a la típica comedia satírica para, prácticamente, deconstruirla estéticamente, quedándose con los bordes, las siluetas, las figuras, los tonos, la exageración de lo que, en ningún caso, se pretende hacer pasar por REALIDAD.

Los Coen, Jeunet & Caro, Kusturica, nuestro Fesser, seguidores del tebeo cinematográfico que (a lo mejor) inauguró Malle en 1960:

·        Mofarse de papá, de la autoridad, los adultos, lo solemne, la “calidad”.

·        La niña Zazie es una Mary Poppins pequeñita y respondona, que corre y corre por las calles de París sin sentir miedo ni pena ni caridad. ¡Pero bien que se ríe!

·        Película “con niña”: desde los tiempos radiantes de Shirley Temple (Heidi) y Judy Garland (El Mago de Oz); pasando por Leslie Caron (Daddy Long Legs, etc.) y, de inmediato, las contemporáneas de Demongeot como nuestra Marisol (Tómbola, La historia de Bienvenido...), Hayley Mills en Pollyanna o (con perdón) Sue Lyon en la Lolita de Kubrick; luego se me ocurre la chiquita de Momo (Armin Müller Stahl), la Natalie Portman de El profesional; y está Amélie, claro, Audrey Tatou, la Demongeot veinteañera, ideológicamente la Zazie de nuestros días.


Gags como de Tati y del cine mudo, como de Benny Hill y de Mr. Bean, como de Jerry Lewis y de Louis de Funes pero, eso sí, con la estética (hoy) cursi del “clip” y los anuncios en imágenes: carteles, pósteres, neones, paneles. Series de concatenaciones disparadas, disparatadas, disfrazadas,  díscolas, dispersas; inverosímiles, en fin, el humorismo de viñeta, de juego de niños. Lo cómico (aquí juzgo) debería surgir, romper, rasgar costuras, acaso no tomarse como principio ordenador de 90 minutos de chulería autoral. No tan bien para mí, señor Malle.


Zazie, 12 años, linda francesita, 1960, abrió escuela. El modelo de joven mujer liberada en lo social, lo amoroso, fan de las cositas bonitas, del diseño, la peluquería y los potingues de belleza; el “saber vivir”, el estar a la última, leamos esta descripción de la ficticia Laura, una adulta española, pocos lustros más tarde (Chirbes, Los viejos amigos), la Zazie que ha crecido pero ha desarrollado la misma onda (mis “negritas”):

 

A Laura, el color la textura el tejido el atrevimiento; pintarse el pelo azul eléctrico (por entonces, azul eléctrico, o rojo cobalto), ponerse una minifalda de cuero que dejaba ver bragas fosforescentes, saber de Warhol, de la Velvet, saber de cosas muy concretas, oportunas: de las rutas secretas de los estupefacientes, de los rohipnoles y minilps; de noches que duraban hasta las seis de la tarde del día siguiente, gracias a las tortillas de química: eso era lo que de verdad le gustaba a ella, su aventura personal, ella, que era precursora de una modernidad privada, de autosatisfacción, de cumplimiento de las propias pasiones, neón, rimel, estrellitas de colores en la frente, en el pelo, sobre la lengua, lo que fuera, con tal de que fuera moderno, lo último...

 

Tanto a aquella francesita Zazie como a la posterior española Laura, un párrafo como el que copio aquí debajo de La Montaña mágica de Thomas Mann (traducción al español de M. Verdaguer), que conjetura acerca del enamoramiento progresivo, pasivo y doloroso de su protagonista Hans Castorp, les resultaría pesado como una losa o, según el estado de ánimo, les haría reírse a carcajadas, sin piedad:

 

Era una embriaguez que se bastaba a sí misma, y nada parecía menos deseable ni más odioso que el escapar de ella. Ese estado de embriaguez se defendía por sí mismo de todas las impresiones aptas para disiparlo, no las admitía para permanecer intacto. Hans Castorp sabía y había manifestado a menudo que madame Chauchat no quedaba favorecida vista de perfil; su rostro parecía entonces un poco duro y mucho menos joven. ¿La consecuencia? Evitó mirarla de perfil, cerró literalmente los ojos, cuando de cerca o de lejos, ella se le ofrecía bajo ese aspecto. Esto le dolía. ¿Por qué? Su razón debería haberse aprovechado de aquella oportunidad para triunfar. Pero ¿qué esperamos?

 

¿Qué esperamos?

Cierto que habrá quienes osen señalar: este Malle es del palo del Godard de Une femme est une femme, el musical con A. Karina. Acaso. Si bien Godard, por siempre jamás, ojo, fue  más ocurrente, inquisitivo, intuitivo, adulto y punzante, “even when not at his best!”.

 

Bronca: La anécdota de la niña, Monsieur Malle, tan “malliana”, reconocerá usted que no da para una película de hora y media, c’est vrai, ou pas?; estirado chicle, se te ve algún plumero, hacedor de globitos.

Cambio de letra, ya que ésta es una pieza POP, así que de COMIC SANS MS pasamos a ARIAL UNICODE M5, por la cosa de la frescura, la ligereza, el mecanismo, la insolencia, etc.

Me llega a molestar, a irritar, a incomodar tanta irrelevancia, junta y revuelta, el tono bufo al por mayor. Ay, la UNICODE me parece tan gris, cariño, así que cambio a MS MINCHO: Tanto sketch a cámara rápida... Hombre, Malle, seamos francos: ¿y qué tal con un poquito menos de azúcar y algo de gravedad, seriedad, puntería política (lo que se le echa en cara, creo, al personaje de Laura en la espléndida novela de Chirbes, arriba citada), más bromas con “punch”. Cambio otra vez, la MINCHO me da dentera:

Y bienvenidos a la BATANG, que conecta aquí conmigo como conectaba este cine con una buena parte del público harto de sermones y pelucas y sediento de sabores, tactos, olores distintos, relucientes, ni cubiertos de caspa ni de serrín. Ellos SÍ que disfrutaron con los “gags” unidos (jamás serán vencidos, pensaba, mal, Malle), la historia sin pies ni cabeza pero así más “fun”. On s’amuse!!

(LUCIDA SANS UNICODE para el paréntesis: Compárese, por ejemplo, la infantil gamberrada “malliana” con lo que Fritz Lang desarrollaba en esos momentos: el cine aún creyente en la aventura sin notas a pie de página ni letreros aclarativos, aún creyente en el poder de la ficción y los grandes sentimientos de la humanidad, malos o buenos, el estado puro; compárese con lo que aún hacían por entonces Ford, A. Mann o Hawks o, en otro orden de cosas, Bergman, Bresson, Buñuel o Berlanga, punto y aparte)

 

Y se oye (sutil TREBUCHET MS) en la película (y se lee en los subtítulos):

“Nada les mueve, nada les anima, nada les transporta”,

que parece referirse a las viejas generaciones, perdidas o

superadas en aquel momento de explosión de

juventud, o

acaso fuese viceversa. Había que subirse al carro de

la informalidad, la moda, la modernidad, el ocio, el

“marketing”,

la publicidad, la vida en París como un

perpetuo parque de atracciones, ideal para una niña

(aun nada ingenua). Y el

atractivo de las máquinas, los aparatos, “devices” de 1960,

el transporte, las comunicaciones, la relajación de costumbres,

por supuesto.

Volvamos al estándar, la COMIC SANS MS, para dar por concluida la pieza. Anoté:

            DIÁLOGO ENTRE ZAZIE Y UNA ELEGANTE SEÑORA; NUESTRA ZAZIE LE HA PROPINADO (LA MUY GAMBERRA: PALABRA CLAVE) UN PUNTAPIÉ A SU POBRE TÍO:

 

“No hay que maltratar a los adultos”, le reprende la señora.

“No quiere responder a mis preguntas”, se escuda Zazie.

“Esa no es una excusa”, replica la señora: “Debe evitarse la violencia en las relaciones humanas”. Y añade: “Es absolutamente condenable”.

“Y una mierda”, concluye Zazie. “¿Qué hora es?”

 

Diálogo-resumen. Película curiosa, viva y coleando por razones coyunturales; hoy gustará más a ellas que a ellos, más a jóvenes (pero no adolescentes) que a viejos, más a gente despreocupada, fresca y carcajeante que a personas más serias, ambiciosas, introspectivas o que piensen que el cine puede ofrecer algo más que un chupa-chups.

Influyente obra, sin duda, por su tono (impostura refrescante, original, cómica de “comic”), por su posición en el tiempo (1960), en el espacio (París) y en el movimiento rebelde frente a casi todo lo previo (Nouvelle Vague). Dicho sea de paso: Zazie dans le metro quizás supusiera el momento más “light” de cualquier Nueva Ola.

(Un producto que, miremos lo positivo, no engorda; y que obligaría, desde entonces, a los papás y a los tíos a responder a las preguntas de sus hijitas o sobrinitas, insolentes o no).