MANN Anthony (1906-1967)

Two O’Clock Courage (Dos en la oscuridad) (1945: 8.0)

Demasiado tiempo (más de tres años) sin ver una película del gran Anthony Mann, excelso director de filmes del Oeste (Tierras lejanas, Horizontes lejanos, etc.) pero no sólo: por ejemplo, me encanta la linda y generosa, nada popular, La pequeña tierra de Dios. Que no se vuelva a repetir, autor.

Me soprende Dos en la oscuridad, una de las primeras películas de este director y, sin duda, una de las más desconocidas, una obra pequeña, breve (¡67 graciosos minutos!), divertida, barata, bastante inverosímil y repleta de buenos humos. Es como una pesadilla que parodiase, varios decenios antes, los grandes, brillantes y confusos enigmas fílmicos de David Lynch. Un señor que pierde la memoria pero que no pierde los nervios; una chica taxista simpatiquísima, perspicaz y que parece no darle importancia a nada pero no pierde detalle; los malos escasamente malvados e intercambiables; una trama cuyo telón de fondo es, justamente, el mundo del teatro y algo así como los derechos de autor y los plagios. De locos: casi esperaba uno que apareciera en las escenas del hotel un Bob Hope, un gato o un canario.

Mientras por aquellos años Ulmer realizaba Detour, Cukor firmaba Luz que agoniza, Lang El ministerio del miedo, Preminger dirigía Fallen Angel y Sirk Sleep, My Love, todas ellas películas siniestras y escabrosas, entre el “thriller” y el “film noir”, con un hombre normalmente atrapado (Muerto al llegar, de R. Maté, es paradigmática), una mujer guapa y decente, otra mujer atractiva y peligrosa y una amenaza constante desde el principio al final, Anthony Mann utilizó elementos similares pero dotados de un componente descreído y sin pretensiones, entre la broma y el sueño (más que la pesadilla). Visto hoy, este cine parecería querer desmontar los mecanismos insignes de las otras obras mencionadas. Mann es aquí puro cine, pura sustancia fílmica, lejos de interpretaciones políticas, sociológicas o psicológicas, alejado también de las grandes ambiciones espectaculares que caracterizarían películas suyas muy posteriores, y espléndidas, como El Cid o La caída del Imperio Romano.

A este tono tan divertido, imprevisible e informal que recorre la película desde su primera imagen (un hombre visto de espaldas que se tambalea) hasta su ingenuo y risueño final feliz, se apuntan felizmente los actores. Está Tom Conway, el protagonista, actor de Tourneur (La mujer pantera, Yo anduve con un zombie), de la serie “The Falcon” y de obras de significativo título como El submarino atómico, Bride of the Gorilla o Tarzán y la mujer-diablo. Un cachondo elegante, este Conway.

Y las mujeres. Vemos a la chica buena, Ann Rutherford, actriz del conjunto de filmes “Andy Hardy” e incluso de Lo que el viento se llevó, para que no se diga. Y está la chica mala, Jane Greer, a quien hemos visto en las famosas series “Twin Peaks” y “Falcon Crest”, y en Retorno al pasado. El reparto es eminentemente “B”, como puede comprobarse, y le otorga a la obra del primer Mann (ese mismo año dirigió la estupenda El gran Flamarión) un poso sin poso. Es decir, sin profundidad pero de perfiles misteriosos e inesperados: Two O’Clock Courage es un film de muy agradable visionado, más aún un lunes por la noche, ya es febrero, con poco tiempo que perder y una semana que ganar. Y tras el aburrimiento de los Goyas. El cine de Mann es lo más opuesto que se me ocurre a cualquier tipo de ceremonia y discurso.

Este pequeño cine de Mann, lindo, generoso y muy poco popular, es un excelente antídoto contra los extravíos sentimentales y hasta existenciales. Me enseña, por ejemplo, que lo breve, si bueno, dos veces breve. Y así es que ya estoy roncando, gracias a ti y a tus livianos 67 minutos, gracias, Anthony. Pues su nombre era Mann, Anthony Mann.