MARSHALL George (1891-1975)

Pot o’ Gold (El arca de oro) (1941: 8.0)

James Stewart (quien, según Maltin en su Guide, señala Pot o’ Gold como su peor película) compone un personaje positivo y cercano al espectador (Jimmy Haskell), similar a otros que interpretó en esos años en películas memorables como ¡Qué bello es vivir! (Capra) o El bazar de las sorpresas (Lubitsch). Era un tipo desgarbado, sentimental y divertido, el yerno perfecto.

(Marshall: un hombre de la industria; dirigió comedias de Laurel y Hardy, Bob Hope y W.C. Fields, además de películas del Oeste, cine negro, etc.)

Paulette Goddard, por su parte, cuenta con otro personaje positivo (Molly McCorkle), demostrando su gran polivalencia, pues lo mismo le servía a Chaplin para El gran dictador que a Renoir para Diario de una camarera. La nuera soñada.

El arca de oro es, en su primera mitad, una espléndida comedia musical repleta de alegres números y escenas originales (incluye hasta un surrealista sueño de Goddard), además de “gags” inesperados que provocan la sana carcajada. Luego la película decae un poquito, cuando se desvía hacia la cuestión del concurso radiofónico (algo muy de la tradición cómica y costumbrista española en pantalla). De todas maneras, algunos de los números, como aquel de la banda haciendo música con gran regocijo (mediante copas y platos) antes de comer, son estupendos.

Da gusto ver cómo la gente se lo pasa bien, sin malos humos ni ensaimadas coléricas. El arca de oro no es para malpensados ni para buscadores de gatos de tres pies. Contiene una alegría que considero contagiosa, una ingenua ligereza, un relajado argumento y una lección nada desdeñable sobre lo que consiste ser sociables; habla del espacio común y de la generosidad con nuestros semejantes.

Como es habitual en mucho cine norteamericano de los treinta y cuarenta (Capra, Lubitsch, La Cava, Heisler...), el personaje más desagradable y malvado de la película es un rico capitalista, egoísta y amargado, que sólo piensa en amasar fortuna sin pensar en los demás: en la sociedad que le permite ser lo que es. En El arca de oro, este personaje (C.J. Haskell), protagonizado por Charles Winninger, sufre el rechazo de todos los demás, a quienes les repelen las maneras autoritarias de un hombre que sólo piensa en ampliar su empresa y quejarse de todo.

Casi termina uno sintiendo lástima por él, ya que es torturado por el ruido de los músicos durante la noche, recibe un tomatazo de su propio sobrino, da con sus huesos en la cárcel (donde es obligado a unirse a los cánticos de los otros presos), es tomado a rechifla hasta por el juez que juzga su caso... Es empujado, despreciado y atormentado por los demás y, finalmente, al pobre (digo, al rico) no le queda más remedio, en la última curva de Pot o’ Gold, que convertirse en un personaje bueno, compartiendo su fortuna con los demás y dando el visto bueno a la boda de su sobrino Stewart con la hija de su enemiga natural (dos familias enfrentadas, larga tradición), la guapa y sonriente Goddard, mientras la orquesta sigue tocando y aún se la oye tocar, por bendita inercia, tras el “the end”, y quien esto escribe se pone al tajo (este gustoso tajo en archivo Word) de muy buen humor.