NOLAN Christopher (1970-_)

The Dark Knight (El caballero oscuro) (2008: 5.0)

Señala Christopher Nolan (en Fotogramas, agosto de 2008), director de El caballero oscuro y de la previa entrega Batman Begins (reportaje de J. White):

 

Me dieron la oportunidad de hacer la primera película como yo quería hacerla, y no había motivo para pensar que en esta ocasión no tendría la misma libertad. Eso sí, creo que la historia es más oscura…

 

Las “negritas” son, ciertamente, mías. La ingenuidad nada oscura de Nolan sólo se explica por los buenos resultados en taquilla de ambas películas. Sin esos beneficios económicos, la libertad sobre la que perora el realizador se disolvería como un terrón de azúcar en el océano. ¿Qué libertad, amigo Nolan? Más bien escribiría que gracias a que te has adaptado sin mayores contratiempos al tipo de formato y producto que se espera de la serie Batman, has podido seguir trabajando en o para ella. ¿Alguien se imagina esa “libertad” aplicada a un Nani Moretti, un Kiarostami, un Hsiao-Hsien, un Woody Allen, un Tarr, un Erice o un Guédiguian, en el caso improbable de que les hubiesen propuesto rodar una secuela y ellos hubieran aceptado…?

Obviamente no. Cómo gusta presumir de una libertad artística que ni se tiene ni se quiere ni se sabe lo que es, en realidad. Nolan nos ofrece en The Dark Knight un festival de explosiones, contusiones, persecuciones, violencia, muerte y sarcasmo que es lo que se estila en esta sucursal hollywoodiense llamada Gotham City o, más en general, en buena parte del género de acción, thriller y superhéroes. Vaya cuentista de Hamelín está hecho el amigo Nolan, talentoso y eficaz director pero que ni goza de un universo propio ni cuenta con una manera diferente ni poderosa de mirar ni desentrañar la realidad a través del cine, tampoco en Memento, quede claro (véase mi modesto comentario sobre Don Camilo, de Duvivier).

El caballero oscuro es un cruce entre el Batman de Burton y las más modernas entregas tecnológicas como las últimas de James Bond o de La jungla de cristal, especie de fábula sobre el Mal cuya simpleza es abochornante. Los toques muy de La Naranja Mecánica añaden enjundia filosófica al conjunto (el nihilismo como chula pegatina que colocarse en la solapa), si es que se considera filosofía seria, valiosa u honda aquella que se aprende en educación secundaria, lo cual dudo mucho (aunque sirva para aprobar en Selectividad, vale).

La película, claro, no se detiene en ningún instante; ofrece velocidad trepidante, combates eléctricos y un mensaje típico de la cinematográfica estadounidense, aquel según el cual el Mal no es reducible a causas, partes o aprendizajes, sino que es un feo capricho del destino que sólo cabe combatir con armas o superhéroes torturados (por aquello de la “complejidad psicológica”). Un capricho, además, “necesario” para que el Bien sea reconocible como tal (pues pese a los esfuerzos del guión, nadie llega ni por un instante a concebir que Batman no sea el bueno de la película).

Colega Nolan, oscuro de Pepsi Cola.