NUGENT Elliot (1896-1980)

My Favorite Brunette (Morena y peligrosa) (1947: 5.0)

Bob Hope. Actor pacato y atolondrado cuyo personaje, finalmente, se sale con la suya: resuelve el caso sin pretenderlo (como el Súper-Agente 86) y se queda con la chica. Hope, ni en sus mejores momentos recuerda a Jerry Lewis; miento, caracterizado con las gafas como botones en el hotel sí me ha traído la imagen de Lewis. Si no, ¿a cuento de qué lo escribo? Tonto y más que tonto.

Dorothy Lamour no es, desde luego, una de mis inmortales del cine. Aunque tiene sus momentos casi eróticos: enseña la pierna, la liga, se descoca mínimamente para que Hope se ponga nervioso. Y eso que Lamour es, de acuerdo con el nombre de la película, la estrella: ella es “mi morena favorita” o, mi espía favorita, Morena y peligrosa.

Los secundarios: ahí sí hay sustancia y misterio. Peter Lorre y Lon Chaney, nada menos. Lorre, como siempre, incapaz de relajarse, ni furioso ni cautivo del deseo ni desesperado, ninguna alegría en su personaje, al servicio de oscuras fuerzas invasoras: los EEUU, como de costumbre, en peligro por algo llamado “criolita”, de la que se quieren apoderar los malos de turno para vendérsela a las naciones aún peores (supongamos que, por entonces, Rusia, Alemania o Japón, para jugar a las explosiones atómicas). Y Chaney en papel buenazo, torpón: como el indio de Alguien voló sobre el nido del cuco, parece desear que Hope (allí Nicholson) se escape del manicomio, y hasta separa, gracias a su fuerza bruta, los barrotes de la ventana...

La película sólo es explicable como vehículo para el lucimiento, hoy inaprensible, de Bob Hope. Los chistes son fáciles, gruesos o cursis, excepto un par de ellos tampoco gloriosos. La trama es obviamente absurda aunque así atesora un cierto atractivo “kitsh”. En realidad, también podría verse el film como una sosa parodia de alguna obra de Hitchcock, con sus tramas de tranquilos señores inocentes que se ven implicados en tremendas conspiraciones internacionales, con la presencia de una mujer cuya posición moral y sentimental en la trama es ambigua.

En resumen, una película norteamericana de los años cuarenta que mezclaba elementos policíacos y de suspense con otros cómicos. Como las de Laurel y Hardy (algo mejores), Abbot y Costello (incluso peores) o “The East Side Kids” (paupérrimas). La moraleja consistía en prevenir a los norteamericanos contra los enemigos invasores, comunistas, traidores y conspiradores. La contra-moraleja, por llamarla así, iba más allá, o sea más acá: es viable reírse un rato con las gansadas de Hope, cuando lo acompaña una bella (Lamour), y cuando está rodeado de tipos raros, peligrosos e incongruentes como Lorre y Chaney, así como un gato y un canario.