RAY Nicholas (1911-1979)

Knock on Any Door (Llamad a cualquier puerta) (1949: 8.0)

La enorme tradición en el cine norteamericano de los juicios, los abogados y los malhechores. Aquí, en su vertiente de los rebeldes con causa: la causa no es concreta (como querrían pensar siempre las derechas) sino general, “sistemática”. La causa es el entorno, el contexto que, en fin, no sólo “contextualiza” a la víctima y verdugo, sino que los crea, los construye, los define.

¿Individuos libres? Nunca he visto a individuos menos libres que los que se autodenominan como tales. Como esos jovencitos que, en televisión, dicen reclamar su individualidad intransferible a través (señalan) de su apariencia física, que es casi exacta a la mayoría de sus coleguillas. Paradójico: ser libres para que todos parezcamos iguales. Eso quieren las derechas: ser libres para no serlo. Ray, que no fue un intelectual como Visconti, no cae en esa tentación liberal: Nick Romano (John Derek) es lo que es porque, el pobre, no ha podido ser de otra manera. El abogado Andrew Morton (el grandísimo Bogart) intenta reconducirlo, luchar contra el determinismo familiar y social que ha diseñado a este criminal. Morton pelea en la arena judicial y en la mental para que su defendido, que es también algo así como su hijo, gane parcelas de libertad, se desvíe del camino de los delitos, del dinero fácil, la cárcel y la pena de muerte.

¿Pero a quién le gusta el dinero difícil? Eso piensa (sin ser libre) Romano, y ni siquiera su enamoramiento de una chica generosa, trabajadora y linda le hará renunciar a su rebeldía: no innata, sino aprendida, cultivada. Una rebeldía, repetimos, con causa, como en casi todas las películas del conmovedor Nicholas Ray, un autor con mayúsculas incluso cuando la historia, los actores o las convenciones genéricas le frenan o diluyen.

Los rebeldes de Nicholas Ray son salvables de la quema pero no siempre son salvados, por más que el propio Ray o, en Llamad a cualquier puerta, tipos admirables como Bogart lo intenten con todas sus fuerzas, cariño, compromiso y, hasta cierto punto, identificación. Porque todos podríamos ser Nick Romano si se dan (o hubiesen dado) las circunstancias propicias. No podríamos tener su belleza (Nick “Pretty Boy” Romano) pero sí compartiríamos seguramente sus malas compañías, las ansias de dinero y una confusa ambición en pos de evitar los charcos de la mendicidad, el alcoholismo, la esclavitud y la marginación. Cine existencial, siempre, el de Nicholas Ray, en los tiempos de Albert Camus: Ray no llamaba a cualquier puerta.

Knock on Any Door es un atractivo e irregular compendio de cine negro (blanco y negro: detectives, abogados, malhechores, chicas) y cine neorrealista: es indudable la influencia de los maestros italianos del momento en el arte de Nicholas Ray, como se comprueba en encuadres a ras de calle, en el retrato de personajes secundarios e, incluso, en el subtexto gravemente social de la obra en su conjunto.

“Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver”, sentencia el joven Nick Romano. No sabía yo que esta coordenada (no sé si libertaria o nihilista) databa de hace tantos años, sesenta en concreto (1949-2009). Así que no es un invento de bohemios, artistas malditos o hippies, sino de un “small time crook”, seductor e ingenuo, que aspiraba a salir de su barrio de mala muerte cometiendo robos y demás tropelías.

El compromiso de Ray con su actor principal, Bogart, en relación con la víctima criminal de turno, es indudable, innegociable. Como en Chicago años treinta (Party Girl), La casa en la sombra (On Dangerous Ground) y tantas otras películas, los hombres de Ray buscan la redención por el amor y frente a las derivas criminales y existenciales que les atenazan. La injusticia, la desigualdad y el desamor como males del mundo. Seguramente Ray estaría hoy de acuerdo con las siguientes palabras, pronunciadas sesenta años después de Knock on Any Door:

 

Hay que escuchar a los demás, comprenderlos, incluirlos en nuestro afecto, reconocerlos, romper su soledad y ser sus compañeros. En resumen: amarlos.

 

Jesús dijo que el reino de Dios será de los pobres, de los débiles, de los excluidos.

 

(Palabras de Carlo Maria Martini, Cardenal Arzobispo de Milán, en una entrevista en El País Domingo, en julio de 2009, a preguntas de E. Scalfari; traducción de News Clips)