RIEFENSTAHL Leni (1902-2003)

Triumph des Willens (El triunfo de la voluntad) (1935: 5.0)

Que gentes talentosas y con afanes artísticos como Leni Riefenstahl (directora, coguionista y montadora de El triunfo de la voluntad) o Walter Ruttmann (coguionista; a quien yo ya había creído “cazar” in fraganti en sus llamativos y sospechosos ímpetus pre-nazis y pro-nazis de Berlín, sinfonía de una ciudad, obra de unos años antes) pusieran sus habilidades, esfuerzos y cerebros al servicio de la propaganda hitleriana no tiene por qué sorprendernos a estas alturas de la película: hay que comer, vestirse, integrarse y sobrevivir en este mundo (tantas veces) de locos. Pero, eso sí, cabe pensar que con mayores dosis de tila, perspectiva y un ánimo más “democrático” (me disculpo por las comillas, pero en ocasiones no hay más remedio...), su ingenio y tiempo se podrían haber destinado a empresas menos totalitarias, menos (dígamoslo sin más) absolutamente repulsivas.

Congreso nacional del Partido Nacional-Socialista en 1934. Encargo personal del Führer. Afirma Hitler en alguno de los mítines incluidos en el film: “Uno no puede ser desleal a lo que ha dado sentido y propósito a toda una vida”. Tal falta de cintura, de flexibilidad, de autocrítica, de alegría y de humildad es característica ineludible de Hitler, del fascismo y, en suma, de cualquier totalitarismo. Yo escribiría, gracias al maldito refranero español, que “nunca es tarde si la dicha es buena”, incluso si la ducha (y perdonen) es buena. Una ducha fría a tiempo acaso hubiese templado ánimos y gaitas. Uno SÍ debería poder ser desleal a lo que ha dado sentido y propósito a su vida.

En todo caso, el término que mejor encapsula los méritos, contenidos y estrategias de El triunfo de la voluntad es DEMASIADO:

-Demasiados desfiles. Demasiadas soflamas. Demasiados vítores. Demasiados brazos en alto. Demasiadas cruces gamadas. Demasiada adicción.

-Demasiados gritos. Demasiada marcialidad. Demasiada Lucha. Demasiado culto a la personalidad de un hombrecito. Demasiada eternidad. Demasiado sentimiento.

-Demasiadas muchedumbres. Demasiadas metáforas. Demasiados militares. Demasiadas águilas imperiales. Demasiado Hitler. Demasiada idealización.

-Demasiada Alemania. Demasiados contra-picados. Demasiados estandartes y símbolos y banderas. Demasiados bigotes. Demasiadas gorras guerreras. Demasiados himnos.

-Demasiada simetría. Demasiada unanimidad. Demasiado orden. Demasiada estupidez. Demasiados coros y danzas. Demasiados “Sieg, Heil!”.

-Demasiada solemnidad. Demasiada euforia en las gentes. Demasiadas esencias. Demasiada propaganda. Demasiada grandiosidad. Demasiada ceguera.

-Demasiado crimen. Demasiado exceso. Demasiada misión. Demasiado ceremonial. Demasiada celebración. Demasiada pureza.

Dos citas textuales de Hitler (o colaboradores) extraídas de El triunfo de la voluntad:

1) “Es nuestro deseo y nuestra voluntad que este estado y este Reich perduren los próximos milenios”.

2) “Podemos ser felices sabiendo que el futuro nos pertenece por completo”.

Coda: demasiada hipnosis colectiva, señora Riefenstahl. El talento podría y debería encauzarse de otras maneras, sin encomendarse a tales prerrogativas, sin ánimos tan encendidos, tan desatados. La profesionalidad habilidosa al servicio del totalitarismo más repulsivo de la historia no es un loable mérito que uno pueda incluir en su currículum sin pagar un precio, señora Riefenstahl. Y no hablo del precio de la gloria.