ANNAUD Jean-Jacques (1943-_)

Der Name der Rose (El nombre de la rosa) (1986: 7.0)

Reviso con más asomos de gozos que de sombras El nombre de la rosa, aquel éxito de nuestros infantiles años ochenta: cómo intercambiamos informaciones sensitivas acerca de la seducción del protagonista joven por parte de la pordiosera, a quien de pronto le brillaron los ojos, se le cayeron las ropas, divisamos su carne fresca y nos convertimos en asadores.

Pre-cuela de Seven, a la que supera en misterio y oscuridad: la del mundo, entre inquisidores y temores finiseculares (que duraban siglos enteros), pecados diabólicos y miedo a la libertad, esa hoy saqueada (del uso al abuso) por los herederos de aquellos golfos poderosos, plano eufemismo.

Casi parece que la Lola Gaos de Furtivos (otro film no tan lejano del aroma medieval de El nombre de la rosa) podría surgir, campesina en la miseria de sus días, de estas inquietas imágenes.

Gran angular. Se gusta monsieur Annaud con la cámara subjetiva a prueba de bombas y distorsionando el espacio para dotar de perspectiva y suspense a la trama y para no aburrir al espectador medio (que, a ratos, a días, lo somos todos).

Reírse y el pecado. El sexo y el pecado. Vivir y el pecado. La verdad y el pecado.

(El señor inquisidor pregona que el gato negro y la gallina son pruebas de la existencia de prácticas demoníacas; así como el director de periódico Ramírez, en estos días oscurantistas e inquisidores, que desde su púlpito proclama y saquea la palabra “libertad”, de la que ya nadie, y con razón, se fía, convertida en mofa y pecado: la libertad y el pecado).