ROCHA Glauber (1939-1981)

Deus e o Diabo na Terra do Sol (Dios y el Diablo en la tierra del sol) (1964: 6.0)

¿Rocha a Godard?

¿Rocha ante Pasolini?

¿Rocha bajo Eisenstein?

Cabe pensar que sí: con reservas.

Contra las convenciones y poderes.

De los países ricos, los terratenientes ricos, los cines ricos.

Desde Brasil con amor: un Brasil nuevo, creativo, rabioso, sorprendente y confuso.

En verdad: Dios y el Diablo en la tierra del sol no deja indiferente, como suele decirse, es un cine potente pero que me esquiva.

Entre Peckinpah y Herzog.

Hacia el futuro imperfecto, acaso hacia el Pedro Costa de Casa de lava, vaya.

Hasta que llegue el momento en que todo sea animación. Pixar como Jean Vigo, jo.

Para pasar dos horas de irregular fascinación, una tarde de agosto.

Por culpa de Cameo y de la Biblioteca Públicade León: para eso es el dinero público.

Según algunos, esto es cine místico y ritual, “povera” y expresionista, supersticioso y marxista.

Sin narración fuerte o lineal, so pena de caer (fulgurantes años sesenta) en aburridos clasicismos o en el lenguaje de la clase dominante.

Sobre todo, apetece escaparse a cine menos sobados, aún casi vírgenes, campesinos,  brutos, ceremoniosos pero sin pompas de jabón.

Tras Rocha, el cine que vea estará irremediablemente marcado por su sombra violenta, a hachazos dibujada, sombra cantada y extravagante (como algún cine japonés), nuevos (ya viejos) cines, pequeños, abriéndose paso mostrando la vitalidad de la miseria y de un séptimo arte al que le faltaban preposiciones y le sobraban verbos, nombres y adjetivos.

Ni me entusiasma ni me las promete felices. Pero me atrae de una manera obtusa e intermitente. Y me endurece.

He dicho.